10 Nov 2016

HELLO! 1

Por: Gerardo Álvarez de León, seminarista (F3)

¡Hola a todos! Deseo que la Paz de Dios siempre los acompañe en donde quiera que se encuentren. Quiero compartir con alegría cómo ha sido mi caminar en el seminario junto con mi familia, y cómo ella me ha fortalecido en mi vocación, y me ha animado a seguir formándome para, si Dios quiere, algún día llegue a ser sacerdote.

Cuando yo ingreso al seminario menor, apenas era un adolescente, y desde luego que mi familia estaba asimilando mi respuesta, pues era la primera vez que salía de mi casa. Y aunque con dificultad, pero con el ánimo y con mucha fe, lograron aceptar el llamado que Jesús me hizo, y así, no sólo yo le respondí, sino que mi familia también le ha respondido, siguiendo junto conmigo el caminar del Maestro.

Conforme iba avanzando en mi formación, mi familia se iba acercando a participar en la Iglesia, cada vez con más alegría, entusiasmo y entrega. Aumentaron en ellos esas ganas de servir al Señor, por lo que ahora les puedo contar que mi papá es Ministro Extraordinario de la Comunión, y la verdad, eso para mí me da mucha motivación, pues cuando tenemos oportunidad de platicar, me dice con palabras llenas de alegría y mucha fe, cómo ayuda a distribuir la comunión a nuestros hermanos limitados por alguna enfermedad. Mi mamá también se ha acercado a servir, ha vivido retiros que la han fortalecido, y en su sencillez sabe manifestar la fe y la esperanza que tiene, y aunque al principio le costó mucho trabajo el que haya dejado mi hogar, ahora me dice que todo su trabajo doméstico lo ofrece por la santificación de todos los sacerdotes del mundo.

Mi familia siempre será mi motivación, me apoyan y me fortalecen con su oración, con sus sacrificios en el trabajo, en las labores del hogar, etc. Y así, para ellos, soy quien les da ese impulso para seguir creyendo con alegría, con entrega y generosidad, siempre siendo fieles al Señor que no deja de bendecirnos.

A partir de mi respuesta al Señor, de decirle “sí”, he visto que ha tenido un gran efecto: ¡Ellos han creído! Lo que me hace recordar el lema de las fiestas de nuestro santo patrono: “Creyó él y toda su familia”. Esto se hace presente con nuestra respuesta, para algunos tardará más, para otros menos, pero cuando nosotros creemos con verdad en el llamado de Jesús, nuestra familia no se queda atrás, y yo doy testimonio de mi familia, ellos no son ajenos en mi formación, sino que a pesar de la distancia de nuestros hogares, a pesar de lo que podemos vivir, ellos nunca estarán distanciados, ellos son los que nos animan a creer en este llamado, y sin ellos, no podríamos estar mejor formados.

Que Dios los siga bendiciendo, y no se olviden de pedir al Señor, para que nos den más familias cristianas, más familias santas. ¡Que así sea!

04 Nov 2016

HELLO! 1

Por: Orlando García Duarte, seminarista (Segundo de Teología)

El Señor, nuestro Dios, me ha permitido crecer en el seno de una familia católica. La integran mi padre, el señor Eduardo García y mi madre, la señora Norma Angélica Duarte, que aún gozan de vida y salud gracias a Dios; además, mi hermano mayor, Karim, casado y padre de familia, y mis dos hermanas menores Estefanía y Carolina.

A mis 16 años nunca le había platicado a mi familia sobre alguna inquietud vocacional-sacerdotal, ni siquiera me había pasado por la mente. Mi proceso de discernimiento lo llevé, la mayor parte, con mi párroco, el Pbro. Alejandro Leal, pero también asistí a los últimos retiros del Proceso Vocacional.

Cuando llegó el momento de decirles a mis papás que había tomado la decisión de entrar al seminario (a los 18 años), la primera vez que lo hice, estábamos cenando y viendo la tele, por lo que el tema se diluyó rápidamente.

Para la segunda vez, al enterar a mis padres que ya faltaba un mes para entrar al seminario, tocamos el tema en su dormitorio.

No olvido lo que me dijo mi papá: “¿Estás seguro de querer ser sacerdote? Porque si vas a entrar, le tienes que echar muchas ganas. Prefiero un buen cristiano a un mal sacerdote”. Yo le respondí: “Sí, pa, te prometo que le echaré ganas hasta llegar a ser Papa” (obviamente no sabía lo que decía). Esta expresión mantuvo a mis papás con el pendiente, ya que pensaban que mi vocación era una “llamarada de petate”.

Mi papá y mis hermanos lo asimilaron más rápido que mi mamá. Casi todos los domingos del primer semestre de mi etapa en el Seminario Menor, cuando me dejaban en el seminario, a ella se le salían las lágrimas al despedirse. Creo que algo que nos ha ayudado mucho para asimilar este proceso y para no olvidar que en Dios la familia estamos juntos, es despedirnos con una bendición. Tal práctica no la realizábamos antes, pero desde que ingresé al Seminario lo seguimos haciendo hasta la fecha.

Con el tiempo fui dándome cuenta cuán importante es la familia en la formación sacerdotal: cuando en mi familia había algún conflicto o problema de cualquier tipo, “se me bajaban las pilas” y, por lo contrario, cuando mi familia estaba feliz, yo también lo estaba y era una experiencia que me mantenía con energía toda la semana.

Dios me ha ayudado a entender que no existe una familia “perfecta” en la tierra, que siempre podrá existir una situación que nos mueva el interior, y que, sobretodo, Él está conmigo y con mi familia. No estamos solos en lo que vivimos. Cada situación y experiencia con mi familia, buena o no tan buena, me han ayudado a crecer de uno u otro modo.

El Señor no se equivocó al regalarme la familia que hoy tengo. Por medio de ella, principalmente, me ha dado las herramientas que necesito, la fe y el amor, para responder con alegría en este llamado que Él me ha hecho. No podría separarla de mi formación; siempre ha sido un gran regalo, una gran bendición.

02 Nov 2016

HELLO! 1

Un saludo fraterno a toda la comunidad del Seminario: familiares, amigos y bienhechores. Mi nombre es Laura, trabajo en el Departamento de Economía, y con ocasión de la celebración de San Teófimo mártir les comparto esta nota sobre mi colaboración en el Seminario.

¿Qué significa para mí la fiesta de San Teófimo? En lo personal, significa la alegría de convivir y compartir todos juntos, sin importar lo que desempeñes en cualquier área del Seminario, dígase, empleado, seminarista, sacerdote o prestador de algún servicio.

¿Cómo ha sido mi vivencia en estas fiestas? Me encanta ser partícipe de todas las actividades que conlleva estas fiestas, desde la preparación, durante y hasta el final, sobre todo, ser partícipe o testigo de la Celebración Eucarística con los Obispos de nuestra Diócesis, después compartir los alimentos y por ultimo ver la premiación y la alegría que se vive en toda la fiesta.

¿Cómo se ha hecho presente San Teófimo en mi trabajo? San Teófimo, me inspira a servir y a colaborar con sencillez y entrega, sobre todo, a ser testigo de la convivencia y fraternidad que se vive en estos días. También se hace presente cuando veo el buen ánimo en cada uno de los seminaristas que les toca colaborar. Por esta razón me siento también colaboradora en la preparación de esta fiesta.

Gracias San Teófimo por ser inspiración de vida para toda la familia del Seminario. San Teófimo mártir. ¡Ruega por nosotros!

Laura Rodríguez Pérez.
Auxiliar de Contabilidad en el Departamento de Economía.

01 Nov 2016

HELLO! 1

Por: José Juan Montalvo, seminarista (T3)

Cómo vivir una Navidad en familia y no morir en el intento.

Navidad; noche mágica en la que tenemos la oportunidad de compartir, de estar en familia y ser generosos, Navidad es símbolo de alegría, de amor y de paz. Es lo que escuchamos en la TV mientras que aparecen imágenes completamente diferentes, nos venden una navidad envuelta con imágenes de un Santa Claus como el personaje principal, árboles navideños, monos de nieve, duendes, renos, etc. Pero lo que realmente imprimen en nuestro subconsciente, es la propaganda, las promociones, el desear y anhelar objetos a veces inalcanzables; más bien de lo único que nos hablan es sobre materialismo y superficialidad. Y terminamos comprando una navidad donde se consume mucho, se toma alcohol en exceso, se genera un gran nivel de estrés al tratar de sorprender a ese ser querido con un estupendo regalo, y tratando de dar gusto a todos al organizar posadas y cenas.

¡Alto! Si para este momento te has sentido identificado con lo que has leído, no te asustes, quiero decirte que no estás obligado comprar una Navidad como esta.

Este año te invito a vivir junto con las personas a tu alrededor una verdadera Navidad, pues siendo un acontecimiento central en nuestra fe es de suma importancia que la vivamos realmente como cristianos, y qué mejor que hacerlo en familia. Te estarás preguntando ¿En qué sentido puedo vivir una verdadera Navidad?, pues bueno, primero déjame te cuento algo que aprendí en la Navidad del 2010 para responderte.

En mi familia (que no es muy diferente a la tuya), tenemos la costumbre de hacer una bonita celebración cada año, pero ese año en particular, nos pareció divertido realizar un intercambio de regalos, eso para mí fue una preocupación ya que no contaba con dinero para ello, a diferencia del resto de la familia que gracias a Dios a mi familia no les faltaba nada y podían darse la oportunidad de pensar en regalos costosos para todos, inclusive a mí me compraron todo lo que puse en mi lista de propuestas de regalos. Pero volviendo a lo importante, por mi mente no dejaba de pasar la interrogante, ¿Qué regalos les iba a obsequiar? Fue ese el momento en que pude descubrir que estábamos perdiendo de vista el sentido de la navidad, por el compromiso de ofrecer a alguien “lo que merecía”, el consumismo me estaba invadiendo totalmente, pero una luz de esperanza me ayudó a mi (y a mi falta de liquidez) a poder pensar claramente cuál sería el regalo perfecto, un regalo que nos ayudaría a que mi familia y yo viviéramos un encuentro profundo con Dios.

Primero que nada, les dije que mi regalo sería una comida en Navidad, pero no podía dar más detalles, claro que todos en mi familia me decía que no me preocupara, que entendían que no podía regalarles algo costoso, pero todo era una sorpresa. Con emoción e intriga, durante la celebración, mi familia estaba con una gran expectativa porque no sabían a donde los iba a llevar, tal vez pensaban que sería un lugar lujoso, ya que en la picardía les dije: “Ustedes me dieron regalos que yo no podía comprar, yo también quiero darles un regalo que no podrán comprar” y terminamos en una pequeña “casa” con paredes de lámina y cartón, que era habitada por una hermosa familia que no necesitaba más que su compañía para ser felices con lo poco que tenían. Ese día se encontraban más felices que de costumbre porque compartiríamos junto con ellos un “pollo loco” (la comida favorita de los niños), también porque llegaron los regalos que le pidieron al niño Dios, y que Santa por “equivocación” había dejado en mi casa, estaban felices porque recibieron a una familia que compartiría con ellos una Navidad diferente, una Navidad con sonrisas sinceras, con miradas iluminadas y corazones emocionados que nos hicieron soltar lágrimas en cada momento. Fue una noche mágica, en la que tuvimos la oportunidad de compartir y de ser generosos, una noche en la que pudimos vivir una Navidad donde Jesús nació en nuestros corazones, una verdadera Navidad sin envolturas.

Al regresar a casa, todos los regalos costosos perdieron su valor, se realizó el intercambio, pero la emoción y las miradas no eran las mismas que teníamos en aquella casa, que en esa Navidad fue nuestro portal de Belén, donde lo importante no fueron los regalos, sino el deseo de dar, y de darnos.

No te estoy proponiendo que hagas exactamente lo mismo que yo hice, la propuesta es  más bien que descubras, junto con tu familia, el verdadero sentido de la Navidad, y para ello te doy algunas recomendaciones que te ayudaran en ello: En familia…

  • Enciende la corona de Adviento como un dulce tiempo de espera de Jesús.
  • Pon el Nacimiento que nos recuerda que Navidad es Jesús.
  • Arma el árbol de Navidad con adornos y luces, para recordar que Jesús es la ‘Luz del Mundo’ que vino para salvarnos, y cuya presencia llena de luz nuestra vida.
  • Asiste a Misa de Nochebuena, no sólo celebraran a Jesús sino que podrán recibirlo en la Eucaristía.
  • Recen ante el Nacimiento y contemplen lo que allí se nos muestra: amor.
  • Vivan las tradiciones, las posadas, villancicos y pastorelas son costumbres que nos ayudan a celebrar.
  • Compartamos la Navidad En esta fiesta del amor de Dios, nadie debería quedar excluido.
  • Hagamos una carta de Navidad tanto padres como hijos, escriban una carta que exprese algo positivo del otro, que muestre el inmenso amor que hay en la familia.
  • Organicemos una fiesta de cumpleaños que a todos nos encantan y qué mejor que celebrar el cumpleaños del Niño Jesús. Preparen un pastel y canten las Mañanitas.
  • Preparemos una cena de Navidad donde haya un momento para compartir las metas que cada miembro tiene para el siguiente año y terminen con un brindis y oración por ello.

Son muchas las maneras en que podemos celebrar como familia pero lo más importante es que vivamos esta Navidad de tal manera que convierta tu vida en una Buena Nueva para los demás y termines siendo una estrella que guíe a tu familia a encontrarse con su Salvador. Y te aseguro que no habrá un moño lo suficientemente grande para envolver la alegría de esa Navidad.

¡Feliz Navidad!
*Sin envoltura*

31 Oct 2016

HELLO! 1

Por: José Luis Morán Becerra, seminarista (T1)

Sabemos y creemos que la Providencia Divina no se equivoca, acierta en tiempos y espacios de nuestra historia humana. El Señor nos sigue manifestando, sin duda alguna, que no se deja ganar por nosotros en generosidad, gracia y bendición, pues en la aurora del día de hoy se ha dado a conocer el nombramiento de dos nuevos obispos para nuestra Iglesia de Monterrey.

Dos sacerdotes de nuestra Arquidiócesis han sido elegidos por el Señor para continuar con la misión apostólica de la construcción del Reino de Dios. Meditar este hecho en nuestro contexto actual, es motivo de alegría, ya que contemplamos la misericordia que el Señor ha tenido con nosotros. Esta misericordia se sigue derramando, siendo fortaleza para continuar con la misión que ha sido depositada a la Iglesia: que más personas conozcan el mensaje de salvación (cf Dei Verbum 10).

El Catecismo de la Iglesia Católica, citando el documento conciliar Lumen Gentium (LG), nos recuerda el apreciable valor y don de la consagración episcopal. Cuando un sacerdote es consagrado obispo, en primer lugar, se llega a “la plenitud del sacramento del Orden” (1558). El presbítero, que alcanza tal plenitud, se le confiere la gracia del Espíritu Santo, para que funja el ministerio de santificar, enseñar y gobernar la vida de fe de la Iglesia: “los obispos (…) hacen las veces de Cristo, Maestro, Pastor y Sacerdote, y actúan en su nombre” (LG 21). Cada uno tiene el oficio pastoral de la Iglesia particular que le ha sido confiada (1560).

El presbítero, y ahora monseñor Oscar Efraín Tamez Villarreal, actual Secretario Canciller, y el monseñor Heriberto Cavazos Pérez, actual Director Espiritual y ecónomo del Instituto de Teología del Seminario de Monterrey, durante la Eucaristía de hoy, recibieron de parte de nuestro Señor Arzobispo Don Rogelio Cabrera la imposición del solideo y pectoral. A su vez los invitó a vivir los valores del cristianismo: “el martirio en su ministerio, la comunión eclesial y, el cuidado y generosidad para con los pobres”. Y agregó unas palabras que giran en torno a nuestra fiesta patronal de San Teófimo mártir, diciendo que: “los mejores obispos son aquellos que han sido mártires y santos”.

Elevemos oraciones, sacrificios, comuniones, horas de estudio y de trabajo,ofreciéndoselas a Dios de modo muy especial para que fortalezca e ilumine el ministerio episcopal de nuestros dos sacerdotes de la Arquidiócesis. Y así, siendo fieles al llamado del Señor, cumplan con humildad y sencillez tan gran labor apostólica.

13 Oct 2016

HELLO! 1

Por: Edgar del Río, seminarista.

Nunca había sido tan fácil ganarse el cielo como ahora, y no quiero perder la ocasión“.

Ésta es una de las frases acuñadas por José Sánchez del Rio, el jovencito nacido en Sahuayo, Michoacán, que el próximo 16 de octubre de 2016 será elevado a los altares por el Santo Padre Francisco. La realidad bélica interna del país, como un movimiento denominado cristero en contra de la promoción de legislación restrictiva de la participación y acción de la Iglesia Católica por el gobierno de Plutarco Elías Calles, era el ambiente en que se desarrolló el acto valiente sustentado por un amor a Dios y a la libertad religiosa.

La vida de este joven mexicano, cumple con perfección la definición de su título: “mártir”, aquel que es testigo de Cristo, y que es capaz de ir más allá de las angustias de la tierra, para anhelar las celestes. Su amistad y cercanía que tenía para con Jesús, que desde muy pequeño se fraguó en su formación cristiana, además de su especial devoción a la Eucaristía y a la Madre Santísima de Guadalupe, fueron las que hicieron germinar en su vida la semilla de la fe, incluso hasta dar la vida por ella. El testimonio de este mártir es un claro ejemplo del abrazo de las promesas contenidas en el Evangelio, es la pérdida de la vida mortal, para encontrar la vida eterna (Cfr. Mt 10, 39).

El martirio es un don de Dios. Es una afirmación que pudiera resultar asombrosa, pero en mi opinión, Dios permite que en medio de las dificultades sociales, resurja una clara luz en medio de las tinieblas (Cfr. Mt 5,16), la esperanza que motiva a seguir perseverando en el camino de la fe. Es el martirio el que nos ayuda a mirar al Salvador en la Cruz y abrazarla junto con él, y afrontar las consecuencias de la vida cotidiana.

Es providente la canonización de este Santo mártir mexicano en el contexto social, cultural y político que vivimos, ya que una vez más viene a ser ejemplo de respuesta de fe, a darnos deseos de santidad, a recobrar ese sentido de amor a Jesús y a la Virgen de Guadalupe, a ser testigo de entrega por las grandes realidades contenidas en el Evangelio, como también nos motiva a tomar un papel más activo en nuestra sociedad, de promover la justicia, la paz, la verdad y el Amor.

Los invito a contar, dentro de nuestras devociones, con la intercesión de San José Sánchez del Río, así mismo a que profundicemos más en su historia de vida y santidad. Les comparto unos links donde podemos encontrar más información sobre este nuevo santo.

https://www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=600

https://www.aciprensa.com/noticias/beato-jose-sanchez-del-rio-7-cosas-que-debes-saber-del-proximo-santo-de-mexico-82467/

 

11 Oct 2016

HELLO! 1

Por: Hugo Enrique Garza Navarro, seminarista. (Tercero de Teología)

Comienzo mi día con un horario estructurado y fluido: con la bendición de tener una capilla a tan solo unos pasos de mi dormitorio… Una de las primeras experiencias que tengo al amanecer es la espiritualidad centrada en la comunión y la Eucaristía; es decir rezamos en comunidad la liturgia de las horas y concluimos ese momento con la santa Misa. ¡Qué mejor manera de comenzar el día!, ¡Que afortunados somos! Qué bendición tener la oportunidad de darle la prioridad a tan fructífera actividad.

Egoístamente me cuestiono: ¿Por qué los demás, es decir todo mundo, no comienza así su día? Y caigo en cuenta del egoísmo de mi pregunta al ser mi formación la clave: soy seminarista, estudio para ser sacerdote, para llevar el alimento Eucarístico a los demás, para poder hacer realidad la promesa de Jesús de estar presente en el Santísimo Sacramento del altar, que ilógico sería no tener esta oportunidad de alimentarme todos los días tan temprano, pero yo aparte de esto no trabajo, vivo de lleno para esto…

La realidad es más que obvia. Aunque mi fervor sea mucho, debo ser objetivo: Fuera del seminario, el mundo gira de una manera acelerada: La vida en la ciudad comienza temprano, muy temprano. Las prioridades de la mayoría de mujeres y hombres son el trabajo, la escuela; y la necesidad de trasladarse a cada uno de dichas instalaciones. Los trayectos son largos y las jornadas parecieran irse como agua.

Siendo realista, mi referencia al comparar es un tanto egoísta. Yo vivo para formarme con Jesús. El resto del mundo no puede llevar el mismo horario que yo.

Es cuando comienza mi reflexión: ¿Cómo puedo impregnar de ese fervor a todo el mundo? ¡Muy sencillo! El testimonio de laicos que día a día, a pesar de tener largas jornadas de trabajo o de estudio, se alimentan de la Palabra de Dios. Profesionistas, estudiantes, amas de casa, que desde su vocación mueven al mundo. Son ellos que están insertados en el ritmo de la sociedad y sin embargo se acercan a la Iglesia. Se alimentan de la Palabra de Dios, y muchos de ellos sirven en diferentes actividades parroquiales.

Hablar de esto me emociona. Cuando llego a la comunidad donde me toca servir el fin de semana, lo primero que encuentro son personas tratando de acercar a los demás a Dios. Veo en catequistas, integrantes de grupos, encargados de liturgia; personas convencidas al igual que yo de que Jesús está presente con nosotros en la Sagrada Eucaristía. Que se fortalecen en una vida sacramental ¡Y que compartimos la misma experiencia de amor al estar frente al altar!

Su testimonio me da optimismo: Sí se puede tener una vivencia espiritual en el mundo actual. Mi aspiración impregnada de egoísmo tal vez es muy idealista, pero no hay pretexto para no asistir a misa. Uno de los mandamientos de la Iglesia es asistir los domingos a misa y yo lo refuerzo con una invitación. Acércate a esta fiesta donde Jesús toca tu corazón, donde el Señor quita el velo de tus ojos para que te des cuenta que Él está frente a ti tendiéndote la mano, esperando que contemples que en cada celebración quiere que experimentes la pertenencia a una Iglesia que camina unida en la oración. Dice el salmo: Haz la prueba, verás que bueno es el Señor… Acércate a Dios, acércate a la Iglesia, reconcíliate con Jesús y consume su cuerpo que ha sido entregado por nosotros y verás que tu vida tomará sentido. ¡Vive la fiesta que celebramos como cristianos, Él está con nosotros!

06 Oct 2016

HELLO! 1

Por: André Alejandro Múzquiz Salazar, seminarista.

La Virgen María es Madre y modelo de toda vocación, pero de manera muy especial lo es para nosotros que sentimos un llamado al sacerdocio.

En su rol de Madre, María formó y cuidó de Jesús,  Sumo y Eterno Sacerdote. De manera similar, María nos forma y cuida a nosotros, que nos sentimos llamados por Jesús a participar de su Sacerdocio.

María nos enseña a descubrir el llamado de Dios y a responderle con generosidad, ella es nuestra maestra en la oración, (sobre todo al acompañarnos a meditar la vida de su Hijo en el Santo Rosario) y siempre nos motiva a tener un celo apostólico de llevar a Cristo a los demás como ella lo hizo.

En las dificultades y en las tentaciones, María siempre está ahí para auxiliarnos, y cuando caemos es ella quien nos levanta y nos anima a seguir. Nuestra Madre no deja de interceder por nosotros.

Nuestra vocación exige de nosotros ser otros Cristos, y María es, como lo dice San Agustín, “el molde de Dios” en el cual nos podemos formar  a imagen de Cristo. Por esta razón, como seminaristas estamos consagrados a  María; de hecho, la banda azul que portamos representa que le pertenecemos a ella y que queremos dejarnos formar por ella: sabemos que su ayuda y amor maternal nos es indispensable.

Te pido que me acompañes haciendo esta oración:

“Espíritu Santo te pido que me des una gran devoción a María, ayúdame a siempre confiar en su amor maternal, para que por ella puedas formar en mí a Jesucristo. Te pido por todos los seminaristas y sacerdotes, dales a todos ellos amor a la Iglesia, a la Eucaristía y fidelidad. Hazlos santos como Tú eres santo, Señor. Amén.”

Dios te salve María Reina y Madre de mi vocación.

04 Oct 2016

HELLO! 1

Por: Antonio de Jesús Peña Díaz, seminarista.

Muchos de nosotros hemos experimentado en nuestra vida algunos sentimientos como la angustia, el desánimo, el temor, la tristeza, la impaciencia, la desesperación entre otros. En el discernimiento vocacional, dentro del seminario, cuando se presenta uno o varios de estos sentimientos, comúnmente, le llamamos “estado de crisis”. Algunos hemos sobrevivido, otros no. ¿Qué ocasiona la crisis en un seminarista? Sin duda, la única respuesta que se me viene a la mente es, alejarse de Jesús.

Cuando nos alejamos de Aquél que nos llamó es evidente nuestra tristeza. Lejos de Jesús ninguno tiene fuerzas para seguirle, responder y continuar entregándose por el Evangelio para el Pueblo de Dios. Alejado de Él muchos no perseveran en su respuesta al llamado. ¿Queda algo por hacer en estas circunstancias? La oración.

La oración es fundamental en una situación como esta. Tantas cosas nos distraen de la voz de Dios, aun aquí dentro del Seminario. San Antonio de Padua maldecía al demonio cuando se sentía tentado dentro del monasterio de Coímbra en el que inició su formación sacerdotal. Aquí no es distinto. Pero hay esperanza: la oración.

Jesús pudo iniciar su ministerio después de vencer las tentaciones, gracias a la profunda relación que tenía con su Padre. Jesús pudo concluir su obra redentora también por la oración. Aquel que es nuestro modelo sacerdotal nos enseña a responder y a cumplir la voluntad del Padre. Él nos enseña a decir “Hágase tu voluntad en el cielo como en la tierra” (Mt 6, 10). Pero ¿quién enseñó a orar a Jesús así?

La primera referencia que me viene a la mente es la pequeña familia de Nazaret. Jesús fue formado en la silenciosa responsabilidad de José y la definitiva respuesta de María. Jesús aprendió a decir “hágase” de los labios de María. Por eso el testimonio de Jesús es el método más seguro y eficaz para responder y defender nuestra vocación y nuestro futuro ministerio sacerdotal.

El último número de la Exhortación Apostólica Postsinodal Pastores Dabo Vobis de san Juan Pablo II, sobre la formación sacerdotal, deja claro lo anterior diciendo: “María es madre y educadora de nuestro sacerdocio. Ella es quien mejor ha respondido a la voluntad de Dios desde su pura y fecundísima humanidad. Ella es la pedagoga de la donación en la aspiración a la cruz de Jesús. Ella es la cátedra en el estudio de la Palabra Divina. Ella es la causa de nuestra alegría pues su “Hágase” nos trajo a Jesús: Amor misericordioso del Padre”. (PDV 82).

Por eso cada seminarista que medita junto con María la vida de Jesús el Buen Pastor que deseamos ser, está encarnando ya al Sacerdote que Dios quiere dar a su Pueblo según su corazón (Jr 3, 15). Inclusive María nos enseña a orar por el Pueblo de Dios que en un futuro, con la gracia de Dios, nos será confiado. Es María quien nos deja claro que el sacerdocio es don y misterio. Quienes aspiramos al sacerdocio estamos llamados a crecer en una sólida y tierna devoción a la Virgen María. María es experta en moldear corazones sacerdotales a imagen de Jesús. Entre muchas devociones marianas la Corona de Rosas es la mejor. El Santo Rosario es el arma más eficaz para el cuidado de nuestra vocación y por ende el método eficaz para recibir de Dios la santidad.

El hábito constante del rezo del Santo Rosario en la formación sacerdotal nos ayuda a contemplar la Palabra de Dios y nos fortalece ante las tentaciones. Es el cimiento de una provechosa vida sacramental y por ende método seguro de discernimiento vocacional.

Hemos sido llamados y hemos respondido para ser sacerdotes a imagen de Cristo, Buen Pastor. Jesús nos entrega en la Cruz a María como herencia de amor. Cuando la acogemos y forma parte de nuestra formación sacerdotal ella diligentemente nos acompaña y anima en nuestra perseverancia y fidelidad. Ella nos enseña desde ahora cómo agradecer al Señor por un futuro ministerio sacerdotal: “Alaba mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador, porque ha puesto los ojos en la pequeñez de su siervo. Desde ahora, todas las generaciones me llamarán bienaventurado por que ha hecho en mi favor cosas grandes el Poderoso”.(Cfr. Lc 1, 46-48).

30 Sep 2016

HELLO! 1

Por: Jesús Pablo Saldívar Castillón, seminarista (T2)

Su Santidad Benedicto XVI en su exhortación apostólica Verbum Domini, sobre la Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia, nos invitaba a escuchar, estudiar y meditar con atención la Sagrada Escritura, pues Cristo se encuentra “realmente presente en ella” (Cfr. VD.56). Así pues, la Palabra de Dios, como “alma de la teología” es indispensable para la vida de los seminaristas, pero no solo por la obligación académica de su estudio, o porque la vivencia de la Eucaristía diaria nos pone en contacto cotidiano con ella, sino porque  “quienes han vivido realmente la Palabra de Dios son los santos” (cfr. VD .48), y nosotros, como cualquier cristiano, estamos llamados a la santidad.

Es por ello que en torno a la memoria de San Jerónimo, los seminaristas organizamos una “Semana Bíblica”, donde lo que se pretende es provocar de manera más profunda y sensible el contacto con la Sagrada Escritura, pues ésta no es sólo una herramienta de trabajo, o algo que se lleva bajo el brazo o en la mochila a todos lados, la Palabra de Dios es nuestra norma de vida, es la regula fidei que ilumina nuestro caminar; y si queremos ser como Jesús, el Buen Pastor, es necesario conocerla, porque bien dice san Jerónimo “desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo”.

¿Y por qué hacer una Semana Bíblica en torno a San Jerónimo? ¡Muy sencillo! San Jerónimo (347-420) fue un estudioso de las Escrituras. Sorprendió por su inteligencia y habilidad para el latín y otros idiomas a los obispos y Papa de su tiempo: san Dámaso (de quien fue secretario y consejero), mismo que le encomendó la difícil y ardua tarea de traducir la Biblia (que estaba escrita en griego, hebreo y algunas partes en arameo), al latín; y no solo la tradujo, sino que también escribió muchos comentarios y reflexiones, que incluso hoy en día nos ayudan e iluminan para entender mejor las Sagradas Escrituras.

San Jerónimo ocupó la mayor parte de su vida en el estudio, pero también en la lectura y meditación con detenimiento de la Palabra de Dios, y era ella misma la que le interpelaba, lo cuestionaba, y lo empujaba a vivir de tal manera que su vida se convirtió en la misma Palabra. San Jerónimo supo leer la Escritura con esmero y conciencia, por lo que sus escritos y comentarios, así como sus cartas, están empapadas de una sabiduría que solamente puede inspirar el Espíritu Santo, por eso es reconocido como “Santo Padre y Doctor de la Iglesia”. Defendió la fe, promovió la santidad de vida y sobre todo amó a Cristo en su Palabra.

Si bien, como cristianos de misa dominical (o diaria), tenemos un cierto contacto con la Palabra de Dios, y a pesar de que la liturgia es el lugar privilegiado para la escucha de la Palabra, san Jerónimo nos sigue invitando hasta el día de hoy a ir más allá de ello. No es la Biblia un libro que simplemente hay que leer, ¡en lo absoluto!, la Escritura es un libro que merece ser leído, y releído con detenimiento, para dejarle entrar al corazón; es más bien experimentar lo que en ella dice, dejarle calar en lo profundo de uno mismo, y permitirle resonar en el interior, de tal manera que, sabiendo y reconociendo que es Cristo mismo, quien tan cercano como un amigo, habla a la conciencia y al corazón, podamos cada día acercarnos más a Él, “pues, viva es la palabra de Dios y eficaz”(Heb 4,12). San Jerónimo sigue invitando hoy a los cristianos sencillos (al vulgo) a permanecer en contacto con la Palabra Divina.

Así pues, los seminaristas habremos entonces también de buscar “actualizar la Palabra en nuestra vida y hacerla presente entre nosotros” (Benedicto XVI), de tal manera que nuestro actuar y proceder, es decir, nuestro testimonio, sea para quien nos vea, un primer contacto con la Palabra de Dios.