18 Abr 2017

HELLO! 1

Las vacaciones de Pascua para mi familia y un servidor, son un buen momento para convivir, experimentar el amor y tomar fuerzas para continuar con el camino del Seminario. Cuando voy a mi casa en vacaciones, es un tiempo en el que vamos a comer juntos, vamos de paseo a distintos lugares para pasar un momento agradable.

Mis primeras vacaciones, estando ya en el seminario, fueron muy diferentes, ya que no sabía cómo convivir en mi casa, y te sientes un poco extraño de estar todos los días con un horario fijo, actividad tras actividad. El hecho de llegar a tu casa y manejar tu tiempo es algo difícil. Levantarme temprano es algo que me costó mucho, pero comprendes que el estar de vacaciones no significa descansar de Dios o descansar de la espiritualidad, al contrario, es un momento para poner en práctica lo mucho o poco que aprendes en la casa de formación, sabiendo que hay cosas primordiales que no debes de descuidar al estar en casa de tu padres, como lo es la Eucaristía diaria, el rezo de la liturgia de las horas, el santo rosario, etc.

También es un momento donde compartes con tus amistades, compartes experiencias e historias con ellos que van marcando tu caminar vocacional. Además busco darles el tiempo a mis hermanos para salir a jugar con ellos, subir el cerro de la silla, hacer ejercicio o algo que nos guste hacer juntos, así mismo es un bueno momento para hacer las tareas que tengo pendientes de la escuela.

Procuro estar en contacto con mi comunidad parroquial. Los seminaristas que somos de la misma, hacemos actividades para formar una pastoral juvenil, y de paso aprovechamos para vocacionalizar a los jóvenes que tengan cierta inquietud por alguna vocación. Me gusta mucho compartir tiempo con mi párroco y vicario, juntarnos a platicar, ya que con su testimonio y su experiencia sacerdotal van contagiando y motivando mi vocación.

Pero creo que lo más importante de las vacaciones de Pascua es el concluir la Semana Santa satisfactoriamente, en donde te encuentras con Cristo en las personas que menos esperas. Terminas contagiado de su amor y con mucha alegría por su Resurrección. A su vez, sientes la necesidad de compartir ese amor con las personas, buscando la manera de hacerlo, ya sea ayudando en mi comunidad parroquial a compartir con los que menos tiene, como en lo más pequeño con mi familia, al ayudar a mis papás a asear la casa, entre otras cosas.

Las vacaciones en familia son una oportunidad de mostrar mi amor por Dios, por el servicio, manifestar la alegría del Resucitado y compartirlo con los demás.

Omar Alejandro Alvarado Segovia

Segundo de Preparatoria.

14 Abr 2017

HELLO! 1

Ir de misiones siempre es una aventura, todo un reto, sobre todo cuando la misión parece exceder tus capacidades, y es entonces, precisamente en ese instante de inseguridad, cuando empieza la verdadera misión: Dios y tú. Normalmente nuestras misiones de Semana Santa o de verano son en alguna parroquia de la localidad, pero puede suceder que Dios te llame a servir en otro lugar donde hagas falta. Así, en el verano del 2015 el Señor me envió 3 semanas de misión a la prelatura del Salto Durango, concretamente a 3 rancherías de la sierra en municipio de San Dimas: Huachichiles, el Yerbaníz, y la Cieneguita; y como ya dije antes, la misión comenzó a partir de que se me dio el destino, desde que me dijeron: “irás donde yo te envíe, y dirás todo lo que te mande” (Jr 1,7b). Lo primero que yo sentí es miedo, inseguridad, inexperto (un muchacho…) y muchas dudas, pero Dios, que bien conoce el corazón de sus hijos y enviados, sabe cómo tranquilizarlo, y al final uno termina por decir: “¡va Señor, no entiendo, no me gusta, duele, pero va!.. por Ti, porque confío, porque aunque no veo, sé que algo quieres mostrarme”… y así me subí al camión.

 

Muy largo fue el camino para llegar hasta allá: 12 horas hacia Durango, otras dos para llegar a la ciudad del Salto, y unas cuatro horas más en camión de redilas para llegar a la cabecera de la misión, y de ahí faltaba repartirnos a las distintas rancherías, que pudieran ser de una hora hasta incluso dos horas de camino en terracería y veredas más, y es que andar en la sierra no es tan sencillo.

 

Entrada la misión, y dadas las circunstancias como la lluvia diaria, la bruma y niebla matutina y vespertina, las rutas de difícil acceso, el clima, los perros del camino, las tres o cuatro horas de sol al día, el aprender a encender leña con ocote (si es que te quieres bañar) y la cultura diferente, obligan a que uno eche mano de lo que tiene cerca, y de la creatividad para poder jugar con los niños, estar con los adolescentes y conversar con los adultos, y es que a veces pareciera incluso que Dios no nos facilita el trabajo.

 

Las comunidades son muy pequeñas, de entre 20 y 50 familias las que más, que viven más o menos en humildad y con una conciencia de Dios bastante sencilla pero fervorosa, a veces más que el seminarista en ciertas cosas, pero otras veces, muy lejos de lo que en el Seminario aprendemos, tanto que, en la confusión y en el querer entender, así como la poca respuesta de la gente, me surgió una pregunta hostigosa: ¿de verdad esta gente tiene necesidad de Dios? Mi respuesta fue ¡claro que la tiene!, les gusta escuchar la reflexión, y usualmente asienten diciendo: “¡sí, es cierto!”, pero a veces, no quieren comprometerse, o bien, su estilo de vida no les ayuda a hacerlo. La mayoría viven del “Dios de palabra”, es decir, sólo de frases como “si mi Padre Dios nos da licencia… mi Padre Dios mediante… mi Padre Dios que nunca me deja”, pero se quedan solo en eso, la realidad es que uno no puede llegar a cambiar su mundo así de fácil. Fue entonces donde comprendí que Dios vive entre ellos, de una muy distinta y sorprendente manera, tan diferente o tal vez desacostumbrado estaba yo, que no lo veía, pero Dios estaba ahí, el evangelio estaba presente, y ellos me lo estaban predicando a mí.

 

Un día, luego de casi 40 minutos de tormenta eléctrica intensa, cansado del clima y de la poquísima respuesta de la gente en una comunidad, decidí tocar la campana de la capilla (que no era más que un tablón cóncavo de acero colgado de un árbol) por última vez, como diciéndome a mí mismo y al Señor: “yo cumplo con llamar, si la gente no viene es porque no quiere”. Y a punto de empezar la celebración de la Palabra para un hermano seminarista y para mí, llegó una pequeña familia, dispuesta a escuchar el mensaje de Dios. Si alguna vez me pregunté ¿por qué? o ¿para qué?, ahora había un “para quién”, ellos; me sentía el profeta Ezequiel con el resto fiel de Israel. Increíble, pero cierto.

 

Un buen amigo me dijo antes de salir de misión: “recuerda que no eres un trabajador, eres un enviado”, pero fue hasta la mitad de la misión que reconocí la voz de Dios en él que me decía igual que a Moisés (Ex 3,12) y al profeta Jeremías (Jr 1,8) “Yo estoy contigo”. Caí en la cuenta de que soy el amigo del novio, el que le asiste y oye, el que se alegra mucho con su voz (Jn 3,29) y vengo a cuidar lo que es de Él, y es que no se trataba sólo de “hacer el trabajo, y hacerlo bien”, eso lo hace un trabajador asalariado, se trata más bien de entregarse, desgastarse y hacerlo con amor, con alegría, como la vocación lo exige, como el buen pastor lo haría, como el amigo del novio que soy. Dios da una misión, y con ello lo necesario para llevarla a cabo, no es como quien da de regalo un juguete eléctrico sin el juego de baterías correspondiente, al contrario, y no contento con ello, siempre está presente “contigo para salvarte” (Jr 1,19b). Pensé que yo iba a llevarles a Dios, pero resultó que Dios allá me esperaba.

 

Al finalizar fue una santa experiencia, totalmente diferente y muy bendecida. Al paso del tiempo, he reconocido el paso Dios en mi vida, sobre todo en circunstancias tan concretas como la misión del Salto Durango, y me he apenado por no confiar plenamente en Él. Somos humanos, y los sentimientos son sólo eso, sentimientos, pero la fe que sobre ellos está nos invita a vivir todo desde su perspectiva. Regresé siendo el mismo, pero con una experiencia de Dios única: cercano, siempre presente, y que ama. De todo lo que Dios me habló en esas tres semanas, lo puedo sintetizar en una oración sencilla, que se recita en cinco segundos: “Contigo estoy, ¡Tú puedes hacerlo, ánimo!”

 

Jesús Pablo Saldívar Castillón

Segundo de Teología.

07 Abr 2017

HELLO! 1

Durante el tiempo de cuaresma nos hemos preparado para la vivencia de la Pascua, ha sido un recorrido en el que el Señor ha transformado nuestro corazón. También  han sido semanas de preparación para las Misiones de Semana Santa. Numerosos grupos parroquiales integrados desde adolescentes, jóvenes, matrimonios y familias, movidos por el amor a Dios y el deseo de llevar el mensaje del Evangelio, han planeado con gran esfuerzo las actividades para estos días, se han ayudado de actividades económicas para reunir los recursos necesarios para la misión. Sin embargo es importante que no pierdas de vista el verdadero sentido de tu apostolado durante la próxima semana.

 

Sabemos que será una semana intensa de trabajo y nos desviviremos para que todo salga conforme a lo planeado, no queremos que ningún detalle se nos pase, pero recuerda que no todo es “hacer por hacer”. Orar es indispensable en la misión. Buscar un momento de intimidad con el Señor entre el ajetreo de la semana es importante. Eso nos ayudará a “no perder el piso” del motivo principal: Cristo. Recuerda que también Jesús, en medio de su ministerio también buscaba esos momentos de oración corazón a corazón con su Padre.

 

También es necesario que recuerdes que por más que lleves preparado tu manual de misión, Dios siempre nos sorprende. Darás muchas pláticas a niños y adultos, dirigirás muchas dinámicas de reflexión: hablarás de Dios, sin embargo, recuerda que la comunidad también tiene mucho que decirte, Dios habla al misionero por medio de las personas con las cuales compartes tu fe. Ahí es donde escuchamos el clamor de pueblo y la inmensa necesidad de Dios. No olvides al final de la jornada preguntarle al Señor “Señor, ¿Dónde pude verte hoy? y Señor, ¿qué quieres de mí?”.

 

Dios llama por medio de la comunidad y estoy completamente seguro que Él, durante estos días, moverá muchos corazones a buscar su vocación. No se te haga extraño que después de esta Semana Santa, Dios ponga en tu corazón el deseo de consagrarte a Él, ¡No tengas miedo ante la voz de Jesús, lánzate y ponte en sus manos! Dios nunca defrauda y tiene un sueño para tu felicidad.

 

¡Feliz Pascua!
Seminarista: Edgar Fabian Cruz Del Angel.

10 Mar 2017

HELLO! 1

Hola a todos!

Estamos próximos a celebrar la Semana Santa, después de vivir el tiempo de preparación de la Cuaresma, con gran espíritu de sacrificio y acercamiento a Dios. La Semana Santa es el momento culminante en la espiritualidad de los católicos, es ésta, en la que conmemoramos la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Pero, ¿qué celebramos en la Semana Santa?; ¿para qué los oficios divinos, es acaso una tradición en desuso, sólo para la gente mayor…?

Para nada, es un recorrido por toda la vivencia de Nuestro Señor Jesús, que nos hace recordar lo que Él quiso pasar para la salvación de todos nosotros y más allá de un simple recordatorio, son medios de enseñanza que nos llevan a conocer el verdadero sentido de nuestra vida centrada en el ejemplo de Jesús.

 

JUEVES SANTO: este día celebramos la misa de la Cena del Señor. Como punto central es la institución de la Eucaristía, donde Jesús confió el ministerio del orden sagrado (sacerdocio), a sus discípulos, que a su vez, ellos los confirieron a sus discípulos, iniciando así la sucesión apostólica, que sigue hasta el día de hoy por medio de los obispos. Dentro de la celebración, se lleva el lavatorio de pies, donde Jesús, siendo él, el Maestro y Señor, se hace el servidor de los demás.

 

VIERNES SANTO: este día celebramos la muerte de nuestro Señor Jesucristo. Por una antigua tradición, el Viernes Santo, esta cargado de celebración que simbolizan el calvario de Jesús, siendo un día de luto, la Iglesia manda omitir este día el sacrificio eucarístico, celebrándose así, después del medio día, la Pasión del Señor que consta de tres partes: Liturgia de la Palabra, Adoración de la Cruz y Sagrada Comunión. También es importante recordar que es un día de ayuno y abstinencia. Como sabemos, el ayuno es el acto de reservarnos de un alimento sustancioso, muchos acostumbramos comer un pan con un vaso de agua por la mañana con una comida y cena ligera; la abstinencia es el hecho de abstenerse de comer carne roja, uno de los dos días obligados por la Iglesia. También se acostumbra hacer la procesión del silencio por la noche, en conjunto, estas celebraciones nos acercan al misterio de la Pasión de Jesús, donde vemos el amor que Dios tuvo con nosotros, y como cita el evangelista san Juan: «Tanto amó Dios al mundo que envío a su Hijo único» (Jn 3,16).

 

SÁBADO SANTO: celebramos la Vigilia Pascual, madre de todas las celebraciones, punto culminante de nuestra fe, recuerdo del paso entre la Muerte y la Resurrección de Jesús. Esta celebración, un poco larga para muchos de nosotros, es un paso por todas las Escrituras con el cumplimiento final de las mismas en la Resurrección de Jesús; con el cántico de Pregón Pascual, el cual recomiendo que lo lean antes de la celebración, se reconoce la Resurrección de Jesús, dando así la victoria sobre la muerte a todos los hombres de buena voluntad.

 

Por lo tanto, es importante recordar las enseñanzas de la Semana Santa, para muchos serán días de misión, para otros serán días de servicio en nuestras comunidades parroquiales, experiencia enriquecedora, que nos hace vivir más de cerca el Misterio Pascual de Cristo pero, más allá de este servicio, la enseñanza es algo que no puede faltar. Jueves Santo, nos da ejemplo de ser un buen cristiano, teniendo que convertirnos en el servidor de los demás, lavar los pies al otro, no es humillarse ante los demás es ser caritativo con todos; el Viernes Santo, es saber hacer sacrificios por mi santificación y la de los demás, el sacrificio está muy en desuso pero, tenemos que tener un sentido siempre presente del sacrificio que Jesús hizo por nosotros y ser capaces de sacrificarnos nosotros también, por los demás. El Sábado Santo, nos hace ver el triunfo de Dios sobre el pecado, la vida eterna se nos ha dado por Jesucristo, es tarea de nosotros, conservarla día con día a través de nuestros actos de amor a Dios y a nuestros hermanos.

¡Felices pascuas de Resurrección!

13 Feb 2017

HELLO! 1

A unos meses después que el Papa Francisco canonizara al adolescente cristero San José Sánchez del Río, la devoción y cariño hacia este santo ha crecido. Hemos visto como en muchos lugares han tomado la vida de “Joselito” como modelo, no sólo para la juventud sino para toda la Iglesia. De forma particular, los seminaristas el Seminario Menor pidieron al Mons. Rogelio Cabrera López, Arzobispo de Monterrey, que San José Sánchez del Río fuera declarado patrono principal del Seminario Menor.

La confirmación de esta noticia fue dada por el secretario canciller de nuestra Arquidiócesis el pasado 21 de enero al terminar la Eucaristía en donde se había revestido e impuesto la sotana a los seminaristas. Sin embargo, fue hasta el pasado 10 de febrero, día en que la Santa Sede ha fijado como propio para conmemorar la memoria de Joselito; en donde fue entronizada una reliquia de primer grado en la casa del Seminario Menor.

En la Celebración Eucarística el P. Ángel Montoya, coordinador del este instituto,  leyó ante la asamblea el decreto del Sr. Arzobispo en donde declaraba la autenticidad de la reliquia y mandaba la veneración pública de la misma junto a la imagen de San José Sánchez del Río.

Durante la homilía Mons. Rogelio Cabrera, enfatizo en algunas características del martirio, en primer lugar diciendo que el martirio no es una coincidencia sino una gracia, porque Dios la concede a quien quiere; seguido que el martirio es una lucha en donde el mártir decide libremente dar lo más valioso que tiene, la vida; por último el martirio es una victoria porque Cristo es quien otorga el gozo de la vida eterna al mártir.  Finalmente, el Sr. Arzobispo hizo una invitación clara a los seminaristas tomando como modelo la vida del mártir, dijo: “Que la vida de Joselito, ayude a nuestro Seminario a amar a la Iglesia, imitar a la Santísima Virgen María y a acrecentar nuestro celo apostólico”.

No es coincidencia que en nuestro Seminario cuente con el patronato y reliquias de dos mártires de la Iglesia: San Teófimo y San José Sánchez del Río, la formación y la vida de cada uno de los seminaristas debe estar siempre en constante entrega por el pueblo de Dios, ¡Hasta dar la vida por Cristo y por su Iglesia!

Departamento de Comunicación.

20 Ene 2017

HELLO! 1

Por: David Jasso Ramírez.

 “Así, disponibles en la vida, mansos de corazón y en constante diálogo con Jesús, no tendrán temor de ser servidores de Cristo, de encontrar y acariciar la carne del Señor en los pobres de hoy”
Papa Francisco (Jubileo de los Diáconos, Año de la Misericordia)

La palabra “diácono” significa ministro o servidor y es utilizada en este sentido en el Nuevo Testamento. En las primeras comunidades cristianas, el diaconado surge como instrumento de servicio y como medio para asegurar la unidad de la Iglesia en la atención a los más necesitados. San Pablo le añade la dimensión de solidaridad por medio de la colecta entre las iglesias para las comunidades pobres de Jerusalén.

En este tiempo, uno de los elementos importantes que el Concilio Vaticano II le aportó a la vida y organización de la Iglesia, fue la restauración del diaconado como un ministerio que tiene una relación especifica y más directa con el conjunto de la comunidad cristiana y con la realidad del mundo: “Los diáconos reciben la imposición de las manos ‘no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio’. Así, sirven al Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad… recuerden los diáconos el aviso del bienaventurado Policarpo: ‘Misericordiosos, diligentes, procediendo conforme a la verdad del Señor, que se hizo diácono de todos’” (Cfr. LG 29).

Imitando a Jesús que no “vino a ser servido sino a servir” (Mt 20, 28) los diáconos están llamados a vivir de tres maneras su ministerio de servicio:

  • a) Servicio a la Palabra de Dios: El diácono está llamado a ser un hombre de profunda oración, familiarizándose con la Palabra de Dios y siendo testigo de ella. Debe amar, proclamar, predicar y enseñar las Sagradas Escrituras en las celebraciones y a través de su vida diaria.
  • b) Servicio a la Eucaristía: Cada diácono se compromete a servir en el sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo por medio de su participación en la liturgia, su amor y reverencia al Santísimo Sacramento y su deseo de llevar la Eucaristía a los enfermos. Puede además presidir el bautismo, el matrimonio, las exequias y la exposición del Santísimo Sacramento, así como asistir en la Misa al obispo o al sacerdote.
  • c) Servicio en favor de la Justicia, la Caridad, la Misericordia y la Paz: Los diáconos sirven como testigos de Cristo, de paz, esperanza y amor para los pobres, discapacitados, necesitados, olvidados y los rechazados por la sociedad. A través de su servicio y ministerio viviente promueven las obras de misericordia y la pastoral social.

En este mismo sentido, en 2013 el Papa Francisco envió un mensaje de puño y letra a seis seminaristas en Buenos Aires, exhortándolos a no ser “diáconos de alquiler” sino servidores de Cristo y del prójimo:“Acaban de recibir el diaconado y manifestar públicamente su vocación de servicio… y esto no sólo por un tiempo, sino para toda la vida. Que la existencia sacerdotal de ustedes sea servicio: servicio a Jesucristo, servicio a la Iglesia, servicio a los hermanos, especialmente a los más pobres y necesitados… La Iglesia no es una ONG. Que en el servicio les vaya la vida. Pongan la carne sobre el asador”.

Nuestro Arzobispo, Mons. Rogelio Cabrera López, ha invitado a todos los diáconos de la Iglesia de Monterrey a servir a los más probres y a no ser nada más “diáconos de zapatos boleados” sino diáconos entregados al servicio “sin asco, sin miedo y con prisa”.

Que estas palabras me motiven  a ejercer la “diaconía”, el servicio y el apostolado en donde quiera que esté, con el compromiso de revestir de ternura y misericordia todo lo que haga, en vísperas de mi ordenación diaconal el próximo 24 de enero, a las 17hrs en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.

12 Ene 2017

HELLO! 1

Por: Departamento de Comunicación.

Son ya casi tres años desde que la Arquidiócesis de Monterrey, recibió por última vez, la noticia que dos sacerdotes eran llamados a la consagración y vida episcopal en vistas al servicio y crecimiento a la santidad de la Iglesia. Ahora, desde el mes de octubre del pasado año, su Santidad Francisco, vuelve a llamar a dos sacerdotes, originarios de Allende, N.L., a alcanzar la plenitud sacerdotal, teniendo como principal valor el servicio a nuestra Iglesia.

Mons. Oscar Tamez y Mons. Heriberto Cavazos, han recibido la consagración episcopal por medio de la imposición de las manos y la oración consacratoria de parte del Sr. Arzobispo Don Rogelio Cabrera López, el día 11 de enero de nuestro presente año.

Alrededor de 45 Obispos provenientes de las diferentes diócesis de nuestro país y la notable presencia de Mons. Franco Coppola, Nuncio Apostólico en México, sacerdotes y una gran multitud de fieles se reunieron para presenciar este bello acontecimiento en la Basílica de Guadalupe, en la Colonia Independencia.

En la homilía, el Nuncio Apostólico animaba a los nuevos obispos a entregarse por amor sirviendo a la Iglesia, ya que “solo el obispo que ama como Dios ama, reconocerá la acción de Dios”.

Se esperaba que los nuevos obispos nos compartieran algunas palabras, y así sucedió; en primer lugar, Monseñor Heriberto, con gran simpatía, agradeció a su familia de sangre por todo el apoyo que le ha brindado, como también a su familia del Seminario de Monterrey en donde estuvo 12 años como seminarista y otros 12 como director espiritual. Y por su parte, Monseñor  Óscar también agradecido con la Iglesia, hizo una petición especial a toda la comunidad congregada: “pidan por nosotros para que podamos servir a la Iglesia, como la Iglesia lo necesita”.

Agradecemos a Dios porque “nos ha mirado con misericordia” al permitirnos recibir tal gracia para nuestra Iglesia. Ahora en el naciente ministerio episcopal de Mons. Óscar y Mons. Heriberto, hemos de orar por ellos y que nuestra oración sea la forma de hacerles saber que no están solos, nuestras súplicas les acompañarán siempre.

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11 Ene 2017

HELLO! 1

Por: José Luis Morán Becerra, seminarista (Primero de Teología)

Al inicio del nuevo año, seremos testigos de distintos acontecimientos de gracia y bendición de parte del Padre Celestial hacia nuestra Iglesia de Monterrey (ordenaciones episcopales, sacerdotales, diaconales, candidaturas y ministerios, e imposiciones de sotana).

Dentro de este contexto, de modo especial, por los dos nuevos obispos para nuestra Arquidiócesis, el Nuncio Apostólico Franco Coppola ha querido visitar la casa del Seminario Mayor. Acompañado de nuestro Rector, recorrió las instalaciones de los institutos de Filosofía y Teología. Por la tarde tuvimos un encuentro y diálogo con todos los seminaristas y formadores que conformamos el Seminario de Monterrey, en la capilla de Teología. Durante la charla nos dirigió unas palabras compartiéndonos su historia vocacional, y el cómo la sonrisa en el rostro de su tío sacerdote, despertó en él la inquietud por la vida sacerdotal. Además nos comentó que fue en el Seminario en donde aprendió la relación personal con Jesucristo, sobre todo, en la oración.

Después de este momento, nos encaminamos a la Eucaristía, presidida por el Nuncio, en la capilla de Filosofía. En la homilía nos recalcó nuestra participación en las redes sociales, las cuales nos conduzca a un encuentro personal con los demás. Aparte nos mencionó que el sacerdote es “para ser con el pueblo de Dios”, estar con ellos y entregarse con ellos, conduciéndolos al Buen Pastor.

Al finalizar la Misa, gustamos de una cena en el comedor de Teología. Nuestro Padre Rector Juan Carlos Arq, agradeció la presencia de Mons. Coppola, externando la alegría que nos causó su presencia y sencillez en medio de nosotros, en “un encuentro de corazón a corazón”.

Sin duda alguna, la presencia del Nuncio nos anima a continuar perseverando, buscando siempre ser representantes del Señor mostrando con sencillez la alegría de la vocación.

 

27 Dic 2016

HELLO! 1

Por: Departamento de Comunicación

El año 2016 para nuestro Seminario de Monterrey fue un año lleno de muchas bendiciones.

Nos encomendábamos a Dios en el inicio del segundo semestre del ciclo escolar 2015-2016. Dábamos inicio en el mes de enero con la Semana de Ejercicios Espirituales en donde llevados por la reflexión y el Espíritu Santo, proyectamos personal y comunitariamente nuestro año. La imposición de sotanas a nuestros hermanos del Seminario Menor y la admisión como candidatos de hermanos teólogos fue un acontecimiento vocacional nos animó a cada uno con nuestro proceso formativo.

Con mucha ansia esperábamos el inicio del mes de febrero. Al inicio de este mes se llevaba cabo el Encuentro Vocacional Sacerdotal que reunía a varones con la inquietud de la vida sacerdotal. Después, como cada año, en este mes, se acercaban las actividades propias de la Colecta Anual: la semana de oración por las vocaciones sacerdotales, visita a los colegios católicos y nuestra presencia en las diferentes parroquias de nuestra Arquidiócesis, sin lugar a dudas, fue una experiencia en donde observamos el amor que nos tiene el Pueblo de Dios y nos deja el firme compromiso de seguirnos formando a semejanza de Cristo Buen Pastor.

No podemos dejar para el mes de febrero sin mencionar la visita del Papa Francisco a nuestro país. Entre las diferentes actividades que su Santidad tuvo en territorio mexicano, participamos del Encuentro con sacerdotes, religiosos y seminaristas en la ciudad de Morelia, Michoacán. Aunque cansados, las palabras del Papa Francisco calaron hondo en el corazón de cada uno de nosotros cuando nos exhortaba: “No queremos ser funcionarios de los divino, ni somos ni queremos ser nunca empleados de la empresa de Dios, porque somos invitados a participar de su vida”. ¡Los seminaristas salimos al encuentro del Vicario de Cristo, de Pedro mismo! Una experiencia que estamos seguros nadie olvidará.

Este acontecimiento trajo a nosotros un corazón sumamente agradecido que compartimos en las comunidades en las Misiones de Semana Santa, ahí nos encontramos con el pueblo de Dios, le escuchamos, consolamos y servimos, nos alegramos con la Iglesia por la salvación que nos trajo el Señor con su muerte y resurrección. Después de esta intensa semana, nos fuimos a compartir unos días junto a nuestras familias.

Se acercaba la fiesta de San José, obrero, el tradicional novenario, las competencias deportivas y la convivencia fueron una oportunidad para reflexionar sobre el trabajo. En este mes de mayo, una representación de seminaristas acompañamos a Mons. Jorge Alberto Cavazos Arispe, quien tomaba posesión como obispo de la Diócesis de San Juan de los Lagos, Jalisco, en su primer mensaje, recordó a nuestra arquidiócesis y con cariño particular agradeció al Seminario de Monterrey.

Una vez terminado el ciclo escolar 2015-2016, era momento de preparar las actividades del verano. Antes en un ejercicio de sinodalidad, junto a nuestras familias fuimos convocados a la II Asamblea del Seminario, durante estos días hablamos sobre el papel fundamental que juegan nuestras familias en la nuestra formación sacerdotal, nuestras familias externaron sus inquietudes y en oración encomendamos los nuevos proyectos formativos bajo el binomio Seminario-Familia.

Ya en el verano, alumnos y formadores participamos del Curso Básico de Pastoral Vocacional que nos dio las herramientas necesarias para los trabajos de las misiones de verano que en esta ocasión tendrían la característica de “Misiones Vocacionales”. A lo largo de tres semanas, estuvimos presentes en 10 zonas pastorales de nuestra diócesis visitando parroquias, llevando el mensaje vocacional e invitando a los jóvenes a descubrir su vocación y a comenzar un proceso de discernimiento vocacional para saber el sueño que Dios ha tenido para cada uno. Al mismo tiempo que se llevaban a cabo las actividades del verano, se realizaba el Pre-Seminario, una actividad para los alumnos que iniciarían su proceso formativo en el Seminario Menor el próximo mes de agosto.

Esto es un poco de lo que sucedió hacia la mitad del año 2016. Terminábamos un ciclo escolar y comenzábamos uno de la mano de Dios, bajo la protección de nuestra Madre Santísima. ¿Quieres saber lo que vivimos en esta segunda parte del año? No te pierdas la siguiente nota en donde te lo contaremos.

08 Dic 2016

HELLO! 1

La Santa Sede, a través del “L’Osservatore Romano” y en torno a la celebración de la Inmaculada Concepción, ha dado a conocer la nueva “Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis” que dará luces a todos los seminarios del mundo para la formación de los futuros pastores del Pueblo de Dios.

La nueva ratio, anhelada y esperada para muchos formadores y seminaristas del mundo, es el documento de la Iglesia que establece los nuevos criterios para la formación en los Seminarios.

¿Por qué este documento ha generado grandes expectativas?

Desde hace treinta años, en 1985 se actualizó la antigua ratio y, aunque la Iglesia contó con grandes aportaciones, como es el caso de la exhortación apostólica post-sinodal “Pastores Dabo Vobis”, entre otras; requería ya un documento que actualizara y aportara luces muy concretas, por las nuevas realidades que viven los jóvenes en formación, los sacerdotes en la pastoral y por el mundo cambiante en el que vivimos.

Este documento de la nueva ratio, tiene su génesis en la reunión de Aparecida, cuando la Iglesia con la luz del Espíritu busca una renovación en el caminar del cristiano, la cual entiende, que en la época actual y para dar respuesta al mundo, requiere una Iglesia de discípulos y misioneros.

Para quienes desean ser servidores de Cristo y anhelan el Sacerdocio como medio de santificación, la nueva ratio establece que el elemento discipular-misionero está en la formación. La nueva ratio da un vuelco a la formación actual, tan orientada a las etapas académicas en los Seminarios y que establecía prácticamente, como único criterio evaluación, el ámbito intelectual. Lo medular de este nuevo proceso es que al discípulo en el Seminario se le evalúa por su madurez humana y vocacional y no solamente por su madurez intelectual.

La gran novedad de este documento es que establece, además de la etapa inicial, las etapas “discipular” y “configurativa” en lo que hoy se conoce como filosofía y teología resumida en un sexenio. Y al finalizar la formación en las etapas “pastoral” o “de síntesis vocacional”.  Todas unidas por un itinerario y un camino gradual y unificador para que no queden como etapas aisladas y descoordinadas unas de otras, sino tener un solo camino en el Señor.

El documento agrega que la formación del discípulo no termina en el Seminario, la formación permanente es para toda la vida e inicia en el momento de su ordenación.

Finalmente, consideramos que este documento trae gran esperanza, porque renueva la visión de la formación del sacerdote, que más que un cúmulo de programas busca una nueva actitud en el discípulo-misionero.