25 Feb 2022

HELLO! 1

“La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los campos que envíe trabajadores para su cosecha” (Mt 9, 37-38).

Durante el mes de febrero la Iglesia de Monterrey se dedica a orar por las vocaciones sacerdotales, siendo así conocido como “el mes del Seminario”. Durante este tiempo los seminaristas de Monterrey tenemos la oportunidad de visitar las distintas parroquias de nuestra Arquidiócesis, invitando a los fieles a orar constantemente por los sacerdotes y seminaristas y agradeciendo el donativo que durante el mes de febrero (y durante todo el año) hacen para el sostenimiento de nuestro Seminario.

Al ser la primera experiencia de Colecta Anual que he tenido de manera presencial debido a la pandemia, ha dejado momentos guardados en mi interior, pues las muestras de aprecio y cariño de los fieles hacia el Semanario, y sus mensajes de ánimo, son de gran motivación para mi caminar vocacional. Llamó especialmente mi atención el comentario que realizó una señora con la cual conversaba en uno de los domingos de colecta, pues ella mostraba una gran preocupación por la falta de vocaciones, preguntándose qué pasaría si en un futuro ya no hubiese vocaciones sacerdotales, preguntándose cómo podrían los fieles ir a Misa, acercarse a la Eucaristía, reconciliarse con Dios, o incluso ser constituidos hijos de Dios por medio del Bautismo, esto me hizo reflexionar acerca de lo alarmante que es la actual falta de vocaciones.

La Iglesia necesita sacerdotes, y cada vez más presenciamos una disminución en el número de vocaciones al sacerdocio, por ello, es importante la oración constante de los fieles. No nos cansemos de orar por el bien de la Iglesia, por los sacerdotes que guían al rebaño y por los jóvenes que se preparan para algún día serlo; pero sobretodo, oremos mucho por los jóvenes que buscan el sentido de su vida, por los jóvenes a quien Dios llama a su viña, para que sepan atender con generosidad y amor a la voz del Señor que los invita a seguirlo.

Agradezco grandemente la ayuda económica que cada fiel hace al Seminario, pero sobretodo agradezco mucho la ayuda espiritual que nos dan por medio de la oración, esta oración nos hace mucho bien, pues es la que nos sostiene y nos alienta a seguir adelante, para llegar un día a configurarnos con Cristo Buen Pastor.

Armando Sánchez Rodríguez | 2º de Propedéutico

18 Feb 2022

HELLO! 1

El papel del sacerdote ha sido muy importante a lo largo de la Historia de la Salvación. Él era quien ayudaba al pueblo judío a expiar sus pecados mediante sacrificios ofrecidos a Dios. Con su venida, pasión, muerte y resurrección, mediante la entrega de su propia vida como ofrenda para el perdón de nuestros pecados, Cristo dio un nuevo sentido a esta labor. Su deseo de permanecer entre nosotros era tal que, en la última cena, en el momento de la Institución de la Eucaristía, quiso quedarse en Cuerpo y Sangre, en el pan y el vino.

Por mandato de Cristo, el sacerdote tiene la tarea de seguir celebrando este misterio y así, de ser un puente entre Dios y los hombres. “Todo sumo sacerdote está tomado de entre los hombres y constituido en favor de la gente en lo que se refiere a Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Es capaz de comprender a ignorantes y extraviados, porque también él se halla envuelto en flaqueza; y, a causa de la misma, debe ofrecer por sus propios pecados lo mismo que por los del pueblo” (Hb 5, 1-3).

Por esto, el sacerdote es también un signo de esperanza en nuestra vida, pues así como en la antigua alianza se hacía a Dios una ofrenda, ahora se ofrece un único sacrificio; el de Cristo. Por eso, mediante la conversión del pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre del Señor, los fieles pueden lograr una íntima comunión con Dios. Si antes el sacerdote fungía como intermediario entre Dios y el hombre ayudando a la expiación de los pecados, ahora se vuelve instrumento de reconciliación, fortaleciendo con la gracia dicha comunión.

“La Iglesia expresa al decir que el sacerdote, en virtud del sacramento del Orden, actúa in persona Christi Capitis (CEC 1548).

Tener a Cristo en la persona del sacerdote, ayudará a que siempre se mantenga la esperanza de un encuentro pleno con Dios. Es gracias al sacerdocio que los fieles pueden obtener las abundantes gracias de los sacramentos, un acompañamiento que oriente su vida espiritual, una ayuda en los momentos de tristeza y desamparo, la oportunidad de disfrutar una vida alegre con Cristo en la comunidad parroquial. El sacerdocio en nuestras vidas es un regalo de Dios que nos demuestra que él nos sigue acompañando en nuestro diario vivir, y nos dice «no pierdan la esperanza», pues «yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20).

Juan De Dios Silva Loredo | 2º de Teología

11 Feb 2022

HELLO! 1

«¿Cómo fue tu llamado?» Esta es una de las preguntas que más me han hecho a lo largo de mi formación, y me atrevo a decir que quienes caminan junto conmigo, así como los que ya son sacerdotes, coincidimos en afirmar que disfrutamos dar a conocer cómo Dios tocó nuestro corazón en un momento determinado de nuestra historia y nos llamó para que estuviéramos con Él (cfr. Mc 3, 13-14).

Solía pensar que la forma en la que Jesús me había llamado a seguirlo no tenía nada de especial, que se había tratado de algo simple y de poca importancia. Aunque sí quedé con mucha inquietud, lo dejé pasar. Necesitaba tomarme un tiempo para terminar la carrera y meditar profundamente el llamado que se me había hecho, pues no se trataba de cualquier cosa.

No podía dejar todo por cuanto había trabajado tanto por algo que en un principio parecía tratarse de una simple cosquillita. ¡Qué ingenuo fui! Pero Él, que me conoce perfectamente me ayudó a entender que no había sido sino un acontecimiento bello y único que vino a mover (muchísimo) mis planes, a cuestionarme si lo que estaba haciendo (y pensaba hacer) me hacía realmente feliz y, sobre todo, a confrontarme pidiéndome hacer y dar más de lo que ya estaba haciendo y dando. Fue el mismísimo Amor quien se detuvo frente a mí, se acercó a mi corazón y susurró: «Te necesito como trabajador en mis campos. Sígueme». Tiempo después, con mucho miedo, pero también con la seguridad de que quien llama no abandona, por fin respondí: «Va, le entro».

Cuando Jesús te llama a seguirlo, debes saber que es necesario poner atención en todo cuanto acontece en tu vida para así descubrir qué quiere decirte y por dónde te pide que camines. En una Eucaristía escuché a quien presidía decir que la Iglesia necesitaba de sacerdotes que estuvieran dispuestos a dirigirse a todos los rincones del mundo para dar a conocer el Evangelio de Cristo. Fue en ese instante en el que mi deseo de que los demás conocieran lo que Dios había hecho en mi vida tomó muchísima fuerza y me confirmó que el camino que había decidido tomar era el correcto.

Y aquí estoy, en el sexto año de mi formación sacerdotal. El tiempo ha pasado lo suficientemente rápido, pero no por eso he perdido la oportunidad de descubrir en cada una de las etapas la belleza y grandeza que tiene el sacerdocio ministerial.

Entré al Seminario con la ilusión de algún día ser “el padre” que camina junto con su comunidad parroquial, y claro que ese anhelo sigue latente en mi corazón, pero ser «otro Cristo» implica muchísimo más. Se trata de estar para quien lo necesita; de tener un deseo incansable de llevar almas al cielo, todas cuantas sea posible; de consolar cuando en el corazón de alguien que se ha perdido no hay más que sufrimiento; de hacer presente a Cristo en la Tierra y compartirlo; de darme, de darlo a Él; de amar a todos como el mismo Jesús nos ama, «hasta el extremo» (cfr. Jn 13, 1)

Esta es mi más grande motivación y lo que enciende en mí la esperanza de que estaré dispuesto, no dentro de cuatro o cinco años, sino a partir de ahora, al saberme amado por Aquel que me amó primero, a entregar mi vida entera para poder decir, como mi gran amiga santa Teresita, «no me arrepiento de haberme entregado al amor».

Luis Carlos Solís Garza

Seminarista | Experiencia Eclesial

04 Feb 2022

HELLO! 1

Porque quiero tratar de cambiar la manera de pensar de los jóvenes, que piensen en todos no nada más en ellos, y que se unan las generaciones, niños con adolescentes, adolescentes con adultos, adultos con ancianos, todos de la mano de Dios.  

Quiero que seamos un grupo, una familia grande, que seamos no solo un conjunto de personas amando a Dios, quiero que vivamos como una familia que ama ante todo a Cristo y que amenos a nuestra iglesia.

¡Quiero que la fe de los jóvenes sea algo inmenso y que lo jóvenes amen a Dios que no solo sea un deber! Jóvenes y adolescentes, nosotros somos el futuro de la santa madre iglesia. Que nuestra relación con ella, sea como un noviazgo fuerte, con fidelidad y lo más importante, “amor a Cristo” nuestro maestro. A veces los jóvenes vemos a nuestros maestros como enemigos, y la verdad es que solo nos quieren enseñar, incluso cuando nos tratamos entre alumno y maestro, hay una conexión muy fuerte de amistad, y así es la amistad con Cristo. Cuando nos acercamos mediante la oración se crea una amistad inigualable, no veamos a Cristo como una creencia de ancianos.

Además, la amistad de Jesús con cada uno de nosotros, puede ser un enlace donde se unen las generaciones de adolescentes y ancianos. En los ancianos se ve a Cristo reflejado, amemos y cuidemos a nuestros ancianos a nuestros abuelos, como nietos es lo más bello que tenemos; platiquemos y convivamos con ellos, porque no sabemos cuándo será el último momento que estemos con ellos. Ayudémosles a ser fuertes y más en estos tiempos de crisis, no los abandonemos, seamos la vara que enderece ese árbol que se está enchuecando por tristeza, por soledad.

Jóvenes y adolescentes, no todo es fiesta y diversión. Enfoquémonos en la vida académica, la estructura académica es y será el sostén de nuestra vida pública; es algo pesado, pero todo principio tiene un fin, y en un futuro tendremos “arquitectos”, para que construyan las viviendas; “abogados” que buscan la justicia, “químicos” que descubran y fomenten la ciencia, “maestros” que formen grandes profesionistas, que tengamos más “seminaristas” que lleguen a ser “sacerdotes” buenos, guías de una nueva generación.

Somos una generación que tiene como propósito remodelar, ser una nueva iglesia. Con la misma enseñanza de nuestros abuelos, pues Cristo siempre permanecerá con nosotros como lo dijo a sus apóstoles: “En la casa de mi Padre hay lugar para todos. Si no fuera cierto, no les habría dicho que voy allá a prepararles un lugar. Después de esto, volveré para llevarlos conmigo. Así estaremos juntos. Ustedes ya saben a dónde voy, y saben también el camino que deben tomar.” (Juan 14, 1-4). Dios siempre estará con nosotros y permanecerá con nosotros hasta el fin de los tiempos.

Tenemos una misión, hermanos y hermanas como dice Jesús, “tomen el camino que deben tomar”, el camino que nos acerca a Dios.

Confíen en Dios y confíen también en mí, que sigo el camino para ser sacerdote.

Omar Alessandro Rodríguez Alvarado

Seminarista | 2do. De Preparatoria

21 Ene 2022

HELLO! 1

La primera definición que da la Real Academia Española al verbo “leer” es: pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados. Si estás aquí conmigo es porque sabes leer y, en efecto, comprendes el significado de las palabras al pasar tu mirada por estas líneas. Sin embargo, pensemos un poco: ¿de verdad todas las cosas que leemos las comprendemos de igual forma?, ¿es el mismo grado de atención el que concedemos a una nota del periódico que a una cadena de oración de WhatsApp o a una lectura de la misa dominical? Ciertamente que no.

Cada uno de nosotros descubrimos mayor o menor interés en los diferentes y muy variados tipos de lectura que nos van acompañando en el transcurso de nuestra vida, y es en aquellos que nos encienden una llama de pasión interior en los que optamos por buscar y profundizar más. ¿Y qué pasa cuando elevamos este noble acto de la lectura a un grado de servicio? Es decir, que el acto de leer ya no sea meramente un pasar la vista por las letras de un escrito para adquirir un beneficio personal, sino que ese acto de leer sea convertido en un servicio prestado a una determinada comunidad para que toda ella se beneficie del contenido que se lee. Pues bien, justamente esto sucede con el ministerio del lectorado en nuestra Iglesia.

El fiel que es llamado a recibir este don ya no lee para sí mismo; ahora lo hace como un bello servicio del que muchos se valen para nutrir su espíritu. Quien es instituido lector no lee cualquier texto ordinario, lee la mismísima Palabra de Dios por la cual somos capaces de comunicarnos y establecer un diálogo con nuestro Señor. Por lo tanto, este leer no puede ser superficial y monótono. Cada vez que el lector instituido se acerca al texto sagrado, debe hacerlo con un espíritu dispuesto al encuentro vivo y real con Dios, con plena conciencia de su ser “servidor de la Palabra” y con un profundo amor y reverencia – ¡se trata de un diálogo con Dios!

La institución del lectorado es un paso fundamental en la formación del Seminario. Todo seminarista debe ser instituido como lector antes de ser ordenado sacerdote: es como un primer paso oficial que damos luego de ser admitidos por la Iglesia como candidatos al sacerdocio. Ser instituidos lectores implica una altísima responsabilidad y nos recuerda el fin primero para el que anhelemos llegar al sacerdocio: ¡servir al pueblo de Dios y santificarnos junto a él!

Este próximo domingo 23 de enero, Domingo de la Palabra, mis compañeros de generación y yo seremos instituidos lectores para la Iglesia. Que el Señor nos conceda la gracia de descubrir su voz a través de este servicio, leyendo, meditando y haciendo vida su Palabra. Nos encomendamos a sus oraciones. Dios nos bendice.

Patricio Rico Villarreal

Seminarista | 2do. de Teología

14 Ene 2022

HELLO! 1

La oración siempre será el arma más fuerte para nuestra vocación, ya que es la fuente de donde todo nace, pero, ¿qué tanta importancia le damos a la oración en nuestra vida y en nuestra vocación?

En esta época contemporánea podemos observar que hay tantas cosas que evitan que nosotros como hijos de Dios no hagamos oración, ya sea por el trabajo, la escuela, los problemas de la vida etc. Esto ocasiona que olvidemos todos los frutos que nos brinda la oración. Los santos de la Iglesia son un ejemplo de cómo la oración ayudó a sus vidas. San Agustín, que en un principio estaba perdido en el pecado, decide cambiar su vida buscando a Dios, lo buscaba de todas las maneras posibles, y cuando realmente lo encontró se da cuenta que siempre estuvo con él, y esto lo logró a través de la oración. Cuántas veces no hemos desperdiciado tiempo tratando de buscar qué es lo que nos hace felices, y acostumbramos a buscar la felicidad en las cosas materiales, en cosas que sabemos que no son eternas.

La relación que tiene la vocación con la oración es sumamente importante, independientemente qué vocación sea la que has elegido; el matrimonio, sacerdote, religioso/a, misionero. Sin la oración no vamos a poder encontrar el verdadero sentido de la vida, porque cuando nosotros oramos y vivimos nuestra vocación encontramos paz. Santa Teresa de Calcuta a pesar de que ya era una consagrada, a través de la oración pudo entender que Dios tenía una misión especial para ella, una misión que fue ayudar a los más pobres de entre los pobres. ¿Le has preguntado a Dios cual es esa misión especial para ti?

Ahora nuestra tarea es orar por todas las vocaciones del mundo, ya que como he mencionado antes, es el arma más fuerte para que nazcan vocaciones en nuestra Iglesia, recordemos las palabras del Papa Francisco en la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones: “que cada uno pueda descubrir con gratitud la llamada de Dios en su vida”.

Luis Enrique Pérez Hernández

Seminarista | 1ero. de Filosofía