17 Oct 2025

HELLO! 1

Vengo de una familia practicante y de una educación del Opus Dei en el Liceo. Gracias a ello conocía a Dios en la teoría, pero fue al integrarme a los grupos juveniles de Corpus Christi que lo empecé a conocer vivo, ardiente, en la alegría, en la gente. Aprendí que a Jesús le puedo hablar como a mi mejor amigo y comencé una relación real con Él.

En la pandemia me invitaron a coordinar Cate, y me enamoré de la vida parroquial. Ese mismo año me enteré que mi hermano se había unido a una comunidad cristiana casi sectaria, y falleció mi papá. Se me movió el tapete y empecé a cuestionar mi fe, lo que me impulsó a investigar más sobre ella y a unirme mucho más a Dios.

Inicié Arquitectura en la UDEM y regresé a misa diaria. En una junta de Cate me llamó la atención la vida franciscana. Empecé a consumir contenido católico como Aquinas 101, Fr. Mike Schmitz y Bishop Barron. Me seguía formando, iba a retiros de silencio de la Obra y participaba activamente en la parroquia. Luego me invitaron a coordinar Fiat; cantar en Misas y Horas Santas se volvió de mis actividades favoritas y comencé a componer mis propios cantos. Inspirado por San Ignacio, San Juan Bautista y San Francisco, tomé la decisión de vivir más austeramente, más desprendido de mi imagen y pertenencias.

Vivía intensamente y enamorado de Cristo, de mi carrera y de la vida. “No me falta nada”, pensaba, hasta que el Señor decidió mostrarme la única perla que me faltaba, la más preciosa: Él mismo. Para obtenerla, tendría que vender todas las demás. Esta realización sucedió el 15 de octubre de 2022, en una peregrinación. Fue al conversar con el P. Jesús Treviño y al hacer oración en el silencio de la montaña, que pude sentir esa claridad, paz y alegría que Dios le da al que hace su voluntad al considerar que quizá Dios me llamaba a entregarme enteramente a Él en el sacerdocio. Esa tarde en Misa, Jesús me hizo reconocerlo a Él como mi mayor anhelo. Sucedieron tantos signos que no ya me podía “sordear”. Fue entonces que al comulgar, miré la cruz fijamente, y le pregunté: “¿Qué quieres de mí?”, y yo escuché: “Yo te quiero todo a ti.”

Después de un camino de oración y discernimiento con ayuda de varios sacerdotes, descubrí que Dios no me llamaba a la vida religiosa, sino al sacerdocio diocesano. Hoy estoy en mi tercer año de formación, primero de discipulado. Me siento feliz; creo que Dios me llama a seguirlo y a estar con Él, y sigo buscando su voluntad día con día.

Seminarista José Emilio Villarreal de la Garza

15 Jun 2025

HELLO! 1

Preparatoria (3 años)

Curso Propedéutico (2 años)

Filosofía (3 años)

Teología (4 años)

2. ¿Qué requisitos debo cubrir para ingresar al Seminario?

-Pertenecer a las Arquidiócesis de Monterrey.

-Ser varón con secundaria terminada.

-Salud física y psíquica conforme a su edad.

-Sinceridad, honestidad y transparencia en su opción vocacional.

3. ¿Cómo puedo estar seguro que Dios me está llamando al ministerio sacerdotal?

Hay que escuchar siempre la Palabra de Dios. Cristo en su Evangelio toca nuestro corazón, ahí viene la intuición que Dios deposita en nosotros, con la inquietud de seguirlo, de ser parte de su familia, de ser parte de Él mismo.

También en la Iglesia, en la parroquia, en el encuentro con los hermanos en la fe; Dios te dirá si te quiere, para servirles. Ahí descubrirás en tu corazón, el llamado al servicio sacerdotal.

Otra manera de tener certeza, es que te acerques a tu director espiritual, pídele que te escuche; comparte con él, lo que tienes en tu corazón, y verás que Dios te irá diciendo poco a poco lo que hay que hacer.

Toda llamada que el Señor hace, produce miedo inicial, pero siempre es una experiencia de alegría. Busca la respuesta que Dios ha puesto en tu corazón, reza mucho, diviértete mucho, porque también tienes que disfrutar las cosas que Dios pone a tu alrededor, y vivir unido a tus hermanos; así sabrás a través de tu corazón, si Dios llama para ser sacerdote.

4. ¿Quién me puede orientar o dar más información para ingresar al Seminario?

Puedes contactar al Centro Vocacional, ahí te pueden ayudar a descubrir ese llamado, de manera más clara.

Por medio de:


  • Retiros

  • Convivencias

  • Entrevistas de acompañamiento

  • Misiones

  • Horas Santas

CENTRO VOCACIONAL DE MONTERREY

Centro Vocacional | Hidalgo #624 Pte. Centro de Monterrey | centrovocacional@iglesiademonterrey.com

WhatsApp: 81 3117 1668

20 Sep 2024

HELLO! 1

Este sábado 21 de septiembre a las 6:00 p.m. estaremos celebrando el festival católico “VocFest 2024” en las instalaciones del Seminario de Monterrey en San Pedro.

El VocFest es organizado por la Pastoral Vocacional y la Pastoral Juvenil, creando un espacio de convivencia, oración, reflexión y escucha de los jóvenes, en un ambiente festivo, buscando que se atrevan a preguntarle a Jesús, cuál es la misión que tiene para sus vidas.

Este año nos acompañan los ministerios de música Hakuna Group Music, Amén, One, Emaús, Zamar y Jésed; además de contar con la participación del Padre Borre y Monseñor Carlos Alberto Santos García, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Monterrey.  

El evento es gratuito y aunque es un evento organizado especialmente para los jóvenes, son bienvenidos todos aquellos que buscan dedicar un espacio de su tiempo para celebrar y orar por las vocaciones.  

Para asistir, sólo tienes que registrarte en:

https://forms.gle/743Z4334btrRe9yt8

Si quieres conocer más sobre el VocFest, visita el Facebook del Centro Vocacional de Monterrey: https://www.facebook.com/centrovocmty

03 May 2024

HELLO! 1

El más pequeño de mis hijos, Jesús Gerardo, ingresó al Seminario Arquidiocesano de Monterrey hace ya casi 8 años, acababa de cumplir sus 15 años de edad y comenzaba sus estudios de preparatoria en esa misma institución.

Ese sábado que lo llevamos a su nueva casa, al Seminario, me sentí un poco triste y nerviosa ya que ese día dejaba de vivir junto a nosotros, emprendía un nuevo camino, iniciaba su vuelo.

Conforme pasaron los meses mi sentimiento, poco a poco fue cambiando, porque mi hijo me demostró que lo que estaba viviendo lo hacía feliz y pleno.

En una ocasión cuando más nostálgica estaba, asistimos a una convivencia familiar en el Seminario, como regularmente se hacen una vez al mes, realizamos una dinámica en la cual nos decían que al entregar un hijo al sacerdocio no lo perdíamos sino que Jesús nuestro Señor ocupaba el lugar de nuestro hijo en la familia, esto me tranquilizó mucho y me llevó a apoyar más la decisión de mi hijo.

Desde que ingresó y hasta este momento lo que hago es encomendar siempre su vida y vocación a nuestra Madre Santísima, para que en todo momento lo cubra con su maternal manto; lo cuide y lo proteja. Y a Jesús, su hijo amado, le ruego que lo mantenga cerquita de su corazón, que lo abrace fuerte para que nunca deje de sentir su amor y su misericordia, que nunca se sienta solo. Pido también al Espíritu Santo que lo ilumine; que le dé la sabiduría necesaria para poder comprender los grandes misterios de Dios y a su vez, pueda compartir con amor la Palabra de Dios, para que así, pueda sembrar en cada persona el amor de Dios a nuestros semejantes.

Los domingos es el día que regularmente viene a la casa, disfruto mucho platicar con él, escuchar todas sus experiencias, también sus ocurrencias. Esto me hace sentirlo más cercano, me enseña algunas cosas que me ayuda a vivir mejor mi apostolado.

Me siento muy feliz, bendecida y agradecida con Dios por el llamado de mi hijo al sacerdocio.

Diana Mayela Martínez Garza | Mamá de Jesús Gerardo Urrutia Martínez, primero de Teología.

16 Feb 2024

HELLO! 1

Una de las frases que me gustan de la Sagrada Escritura es esta:“El Señor ha hecho grandes cosas por nosotros y estamos alegres” (Salmo 125). Porque siento que Dios ha sido bondadoso conmigo, y no hay otra manera de manifestarlo que en el servicio a los demás, y con una sonrisa.

¡Hola, qué tal! Mi nombre es Karlos Cristian Ortiz González, tengo 29 años, y estoy de experiencia eclesial en la parroquia San Juan Bautista, en García, Nuevo León. Lugar donde he estado muy contento y alegre porque Dios se manifiesta de una manera inconmensurable hacia mi persona, y donde puedo descubrir la mirada de Dios con misericordia por la gente que me rodea. Expreso mi agradecimiento y alegría por poder compartir mi testimonio vocacional con todos aquellos que leen este blog de nuestro querido Seminario Arquidiocesano de Monterrey.

En primera instancia, es necesario partir que mi deseo de querer ser sacerdote nació por la entrega generosa y la experiencia de vida de mi párroco. Esa alegría que manifestaba al atender diariamente a los fieles que a él acudían, cómo celebraba los sacramentos, era algo inexplicable por lo que al ver su alegría por las cosas de Dios, me gustó demasiado que tomé la decisión de entrar al Seminario.

Después de un tiempo de estudio y oración, en la etapa de Configuración; los seminaristas somos enviados a realizar un año de servicio que se llama: “Experiencia eclesial” o “Magisterio”, un encuentro fuerte con Dios a través de su Iglesia ya sea por una pastoral en específico, o en mi caso una comunidad parroquial.

Este año de servicio pastoral he podido experimentar esa alegría por la cual me enamoré por las cosas de Dios. Y tal vez te estés preguntando ¿Qué actividades realizan los seminaristas durante este año?

Principalmente, la atención a las personas en los diferentes carismas que tiene nuestra Iglesia. He podido constatar que me encuentro en una parroquia verdaderamente misionera. La extensión territorial de la parroquia es extensa, cuenta con realidades diversas, rurales y urbanas. Son aproximadamente 58 comunidades, donde mi tarea principal es apoyar al párroco en lo que se me encomiende como organizar actividades pastorales, celebraciones de la Palabra, atender y formar al grupo de monaguillos, lectores y jóvenes entre otras acciones pastorales.

Este año de servicio, es un tiempo formidable para ir a la raíz de nuestra vocación, es meditar sobre el futuro ministerio sacerdotal; significa aprender de nuestros párrocos que con sus experiencias nos invitan a reflexionar y aceptar con madurez los retos que representa el llamado al sacerdocio en este contexto actual.  Aprovecho para agradecerle a mi párroco, que con su testimonio y acompañamiento ha ayudado en mi camino de formación.

Son tres acciones en síntesis, acompañar a los grupos, ayudar en las actividades en la parroquia y aprender a amar a Dios en medio de su Iglesia y a través de ella. Cada una de estas acciones representa un papel fundamental en mi historia vocacional, pues al trabajar con niños, adolescentes, jóvenes y adultos puedo hacer mías las palabras del Salmo 125,  de la cual me siento llamado: “A estar alegre porque este año en García, Dios ha hecho grandes cosas conmigo”.

Karlos Cristian Ortiz González

Experiencia Eclesial

Parroquia San Juan Bautista, García., Nuevo León

19 Ene 2024

HELLO! 1

Actualmente, en los estudios teológicos los rasgos de identidad sacerdotal – presbiteral están adquiriendo una relevancia impresionante, por los que se han determinado diversas características, en las que tratan de definir la identidad del ministerio sacerdotal. Por citar un ejemplo, los rasgos de identidad y espiritualidad sacerdotal mencionados en la Exhortación Apostólica Pastores Dabo Vobis del Papa san Juan Pablo II son: cabeza, pastor, siervo y esposo. Dicho documento afirma que «el sacerdote, en cuanto representa a Cristo Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia, se sitúa no solo en la Iglesia, sino que también al frente de la Iglesia, […] el ministerio del presbítero es totalmente al servicio de la Iglesia, […] el sacerdote ministro es servidor de Cristo presente en la Iglesia misterio, comunión y misión» (PDV 16).

Sin embargo, en la Sagrada Escritura, la Carta a los Hebreos, utiliza dos características, por las cuales no solo describe la funcionalidad del presbítero; sino que, hace una definición identitaria de lo que todo sacerdote ha de ser; «sacerdote misericordioso y fiel»  (Heb 2, 17a) .

El presbítero que se identifica con estos rasgos que el autor sagrado nos comparte, es un sacerdote que se visualiza como mediador, puesto que, es un hombre tomado de entre los hombres, para ser misericordioso entre sus hermanos y fiel a Dios. La mediación le es participada del único Mediador, Jesucristo.

La importancia de la mediación en Jesucristo, el Hijo de Dios, radica en que no solo es revelador, es redentor, es decir, salvador es en la mediación del Hijo de Dios donde se expresa la unión inseparable de la cristología y la soteriología. El Hijo no es sacerdote desde siempre, pero si es para siempre. ¿Cómo llegó a ser sacerdote? Ofreció un sacrificio, la Encarnación es el punto de partida, mientras que la cruz lo hace sacerdote.

Lo propio del Hijo es la purificación, salvar, liberar del pecado que es una ruptura en la relación con Dios, el Hijo hace retornar un equilibrio relacional, es así que la mediación sacerdotal es el tema central en la Carta a los Hebreos, es necesario tres elementos: el ascendente; las separaciones rituales que el sacerdote ofrece a Dios, el central; el sacrificio que se admite en la morada de Dios, el descendente; los dones de parte de Dios que se trasmiten al pueblo.

El sacerdocio es una verdad antropológica, puesto que el sacerdote es un hombre, un ser en relación por la mediación se da un acceso a la realidad, también el sacerdote tiene una responsabilidad social con Dios y con sus hermanos. La relación con Dios no es posible sin la transformación radical del ser, el paso del nivel profano al nivel sagrado.  

Sin embargo, según la Carta a los Hebreos, Jesús no pertenecía a la institución, Jesús el sacerdocio lo lleva a una plenitud, el sacerdocio es un puente, es un instrumento. En Jesús no hay una separación para designar la consagración, no separación; mas bien, encarnación, Jesús pasó del sacrificio a la compasión.

Francisco Isaac Cortés Tovar

3ero de Teología

02 Dic 2022

HELLO! 1

Siempre me ha llamado la atención la frase que dice: “De la familia nace la vocación”, ya que he visto reflejada esta frase en la corta vida que tengo.

Durante mi infancia, mis padres no eran católicos practicantes, solamente para el sacramento del matrimonio se acercaron un tiempo a la iglesia y eso bastó para que se alejaran.

Soy el segundo y último hijo de mis padres. Durante mis primeros años de infancia vivíamos en la casa de un familiar en las faldas del Cerro del Topo Chico perteneciente a la parroquia Reina de México en Monterrey.

Aunque mis padres tenían los sacramentos de la iglesia, después de su boda no eran muy apegados a la iglesia, incluso mi madre compartía otra religión; pero Dios siempre coloca a las personas correctas en los momentos correctos.

Un día, mi madre estaba con el quehacer de la casa cuando llegaron a tocar a la puerta de la casa unas personas que venían de la iglesia católica, estaban compartiendo la Palabra del Señor casa por casa, y cuando llegaron a la nuestra se toparon con una madre que compartía otra religión y que tenía miedo de recibir a católicos en su casa, pero conforme fueron pasando los días, aquellas personas iban constantemente a la casa a seguir evangelizando a mi familia, hasta que mi mama volvió a la iglesia católica, formando parte de un grupo de catequesis. A su vez mi papá y mi hermana también se integraron al servicio parroquial ¡quién diría!, las vueltas que dan la vida por gracia de Dios.

Al pasar unos años más, terminando el kínder, me integre al grupo de monaguillos con la ayuda de mi hermana, pero sin duda lo que más me impactó en mis 6 o 7 años de monaguillo fue la evangelización que había en mi comunidad parroquial, esa evangelización que fue la responsable de guiarnos al camino correcto a mi familia y a mí. Sin duda el trabajo pastoral en la parroquia fue algo que encendió en mí, la llama de seguir al señor. Agradezco a Dios haber puesto en mi camino a estos sacerdotes que guiaban el camino de evangelización en la parroquia, le agradezco al Padre Mario Escalera su labor evangelizadora y por haber puesto mi corazón más inquieto por seguir al Señor por medio del sacerdocio.

Seamos una iglesia en salida, que procure llevar a Jesucristo a las personas que no lo conocen, porque no sabemos, tal vez seamos los iniciadores de un milagro de conversión dentro de familias que no conocen al señor, mi familia y un servidor somos la prueba de que Jesús siempre llega a los que no lo conocen.

Oscar Rubén González Ramírez

3ero de Preparatoria 

02 Sep 2022

HELLO! 1

El reloj registra las 23:56 hrs. En algún lugar del mundo, el padre godínez ha dejado la oficina; el operario marca su hora de salida mientras distingue al que registra la entrada; la cansada madre de familia apagó la luz de la cocina; la madre soltera se dispone a engañar al maestro de su hijo haciendo su tarea, o reproducir con su pequeña princesa un mundo imaginario de compras, cocina y veterinaria; el estudiante experimenta la adrenalina de enviar su tarea con 3 minutos de anticipación al horario límite; el conductor siente en su rostro el aire fresco de la carretera, anhelando llegar a la meta; la pareja enamorada rehúsa concluir la conversación; el adolescente que llega a casa es reprendido sin posibilidad de disimular los efectos del alcohol; y el joven misionero rememora su día apostólico, profundizando su experiencia de encuentro con Dios. Pero en todos los casos, en todos los lugares del mundo, la conciencia se sienta a solas con Dios, escuchando su voz en el recinto más profundo de su corazón (GS 16). 

En su caso, el misionero escribe, registra la voz de Aquel que le llama durante el día. Rememora un día caliente, las puertas que toca y las personas que salen; las puertas que se quedan cerradas y los perros que ladran con rabia. Recuerda a quienes le hacen pasar a la sala, y quienes se niegan a atenderlo. Cuestiona a Dios aquellos casos de indiferencia, pero se regocija por las personas que consoló y reanimó a causa de sus palabras y testimonio. No puede olvidar la tierna figura de la abuelita que le sirvió un vaso de agua fresca con tanto cariño; pero aún le duele la ofensiva mentada de aquel anciano malhumorado. 

Le conmueve la mirada de la anciana postrada en la cama, que le advierte su partida al encuentro con sus padres y hermanos ya fallecidos. Le brota una lágrima al recordar la sonrisa de aquel niño desahuciado a causa de su leucemia en etapa terminal. Recordar a los padres del pequeño, tomados de la mano con una sonrisa falsa, tan falsa como la esperanza de sobrevivir, hace que el joven misionero quiebre en un amargo llanto a causa de tristeza e impotencia.

Pero en su corazón escucha la voz de Aquel que puede compadecerse de nuestras flaquezas, de quien ha sido probado en todo como nosotros, menos en la impureza (Hb 4,15). De esta manera, el misionero recurre a la fe para mirar los acontecimientos desde el punto de vista de Jesús, es decir, repasa su día desde los ojos de Jesús (LF 18). Así la fe se convierte en el punto de partida para discernir el llamado de Dios. 

Pero, ¿Por qué la misión se convierte para el joven en un espacio para escuchar lo que Dios quiere de su vida? Los que conocen de la vocación dirán que Dios ha puesto en el corazón de cada joven la necesidad de responder a la alegría del amor. Solo de este modo su existencia podrá dar frutos. Yo me pregunto si el padre godínez, el operario, la madre de familia, el estudiante, el conductor, la pareja de enamorados, el adolescente reprendido, entre otros tantos, tienen la necesidad de dar frutos para encontrar sentido a su existencia. Pero dejemos en libertad a cada uno de ellos para que emitan una respuesta propia.

Volviendo al diario del joven misionero, este enfrenta el reto de reconocer la forma concreta en que Dios le llama a vivir la alegría del amor. En este sentido, la reflexión de la experiencia misionera se convierte en un espacio de discernimiento vocacional. Esto consiste en un proceso de diálogo con el Señor para elegir su estado de vida. Se comprende como un caminar en el cual Dios da luces para la elección de una vocación totalmente personal: matrimonio, vida religiosa, orden sacerdotal, por mencionar tres estados elementales. 

¿Cuál es el proceso del joven que enfrenta la misión buscando descubrir el estado de vida al que Dios le invita? ¿Cuál es la experiencia en el corazón de quien ha descubierto la vocación que Dios le invita y vive la misión desde ese estado de vida? ¿Cuál es tu pensamiento y sentimiento al llevar a cabo una misión desde la realidad en que Dios te ha puesto? 

Porque la realidad supera la idea, toda misión exige un diálogo entre la idea y la realidad. Por lo tanto, la idea se elabora, pero la realidad es (EG 231). La realidad iluminada por el razonamiento (EG 232) es la ventana para buscar atender la voluntad de Dios en cualquier estado de vida; en cualquier oficio que se desempeña para llevar el pan a la mesa; o en cualquier misión apostólica. 

De este modo, solo una misión contenida en el amor y atención al prójimo; así como las tareas más cotidianas orientadas al cuidado de quienes amamos, se convierten en el medio para escuchar el llamado de Dios que conduce a la alegría del corazón humano. 

Angel Salvador Martínez Chávez

Seminarista | 1ero. de Teología

04 Feb 2022

HELLO! 1

Porque quiero tratar de cambiar la manera de pensar de los jóvenes, que piensen en todos no nada más en ellos, y que se unan las generaciones, niños con adolescentes, adolescentes con adultos, adultos con ancianos, todos de la mano de Dios.  

Quiero que seamos un grupo, una familia grande, que seamos no solo un conjunto de personas amando a Dios, quiero que vivamos como una familia que ama ante todo a Cristo y que amenos a nuestra iglesia.

¡Quiero que la fe de los jóvenes sea algo inmenso y que lo jóvenes amen a Dios que no solo sea un deber! Jóvenes y adolescentes, nosotros somos el futuro de la santa madre iglesia. Que nuestra relación con ella, sea como un noviazgo fuerte, con fidelidad y lo más importante, “amor a Cristo” nuestro maestro. A veces los jóvenes vemos a nuestros maestros como enemigos, y la verdad es que solo nos quieren enseñar, incluso cuando nos tratamos entre alumno y maestro, hay una conexión muy fuerte de amistad, y así es la amistad con Cristo. Cuando nos acercamos mediante la oración se crea una amistad inigualable, no veamos a Cristo como una creencia de ancianos.

Además, la amistad de Jesús con cada uno de nosotros, puede ser un enlace donde se unen las generaciones de adolescentes y ancianos. En los ancianos se ve a Cristo reflejado, amemos y cuidemos a nuestros ancianos a nuestros abuelos, como nietos es lo más bello que tenemos; platiquemos y convivamos con ellos, porque no sabemos cuándo será el último momento que estemos con ellos. Ayudémosles a ser fuertes y más en estos tiempos de crisis, no los abandonemos, seamos la vara que enderece ese árbol que se está enchuecando por tristeza, por soledad.

Jóvenes y adolescentes, no todo es fiesta y diversión. Enfoquémonos en la vida académica, la estructura académica es y será el sostén de nuestra vida pública; es algo pesado, pero todo principio tiene un fin, y en un futuro tendremos “arquitectos”, para que construyan las viviendas; “abogados” que buscan la justicia, “químicos” que descubran y fomenten la ciencia, “maestros” que formen grandes profesionistas, que tengamos más “seminaristas” que lleguen a ser “sacerdotes” buenos, guías de una nueva generación.

Somos una generación que tiene como propósito remodelar, ser una nueva iglesia. Con la misma enseñanza de nuestros abuelos, pues Cristo siempre permanecerá con nosotros como lo dijo a sus apóstoles: “En la casa de mi Padre hay lugar para todos. Si no fuera cierto, no les habría dicho que voy allá a prepararles un lugar. Después de esto, volveré para llevarlos conmigo. Así estaremos juntos. Ustedes ya saben a dónde voy, y saben también el camino que deben tomar.” (Juan 14, 1-4). Dios siempre estará con nosotros y permanecerá con nosotros hasta el fin de los tiempos.

Tenemos una misión, hermanos y hermanas como dice Jesús, “tomen el camino que deben tomar”, el camino que nos acerca a Dios.

Confíen en Dios y confíen también en mí, que sigo el camino para ser sacerdote.

Omar Alessandro Rodríguez Alvarado

Seminarista | 2do. De Preparatoria

21 Ene 2022

HELLO! 1

La primera definición que da la Real Academia Española al verbo “leer” es: pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados. Si estás aquí conmigo es porque sabes leer y, en efecto, comprendes el significado de las palabras al pasar tu mirada por estas líneas. Sin embargo, pensemos un poco: ¿de verdad todas las cosas que leemos las comprendemos de igual forma?, ¿es el mismo grado de atención el que concedemos a una nota del periódico que a una cadena de oración de WhatsApp o a una lectura de la misa dominical? Ciertamente que no.

Cada uno de nosotros descubrimos mayor o menor interés en los diferentes y muy variados tipos de lectura que nos van acompañando en el transcurso de nuestra vida, y es en aquellos que nos encienden una llama de pasión interior en los que optamos por buscar y profundizar más. ¿Y qué pasa cuando elevamos este noble acto de la lectura a un grado de servicio? Es decir, que el acto de leer ya no sea meramente un pasar la vista por las letras de un escrito para adquirir un beneficio personal, sino que ese acto de leer sea convertido en un servicio prestado a una determinada comunidad para que toda ella se beneficie del contenido que se lee. Pues bien, justamente esto sucede con el ministerio del lectorado en nuestra Iglesia.

El fiel que es llamado a recibir este don ya no lee para sí mismo; ahora lo hace como un bello servicio del que muchos se valen para nutrir su espíritu. Quien es instituido lector no lee cualquier texto ordinario, lee la mismísima Palabra de Dios por la cual somos capaces de comunicarnos y establecer un diálogo con nuestro Señor. Por lo tanto, este leer no puede ser superficial y monótono. Cada vez que el lector instituido se acerca al texto sagrado, debe hacerlo con un espíritu dispuesto al encuentro vivo y real con Dios, con plena conciencia de su ser “servidor de la Palabra” y con un profundo amor y reverencia – ¡se trata de un diálogo con Dios!

La institución del lectorado es un paso fundamental en la formación del Seminario. Todo seminarista debe ser instituido como lector antes de ser ordenado sacerdote: es como un primer paso oficial que damos luego de ser admitidos por la Iglesia como candidatos al sacerdocio. Ser instituidos lectores implica una altísima responsabilidad y nos recuerda el fin primero para el que anhelemos llegar al sacerdocio: ¡servir al pueblo de Dios y santificarnos junto a él!

Este próximo domingo 23 de enero, Domingo de la Palabra, mis compañeros de generación y yo seremos instituidos lectores para la Iglesia. Que el Señor nos conceda la gracia de descubrir su voz a través de este servicio, leyendo, meditando y haciendo vida su Palabra. Nos encomendamos a sus oraciones. Dios nos bendice.

Patricio Rico Villarreal

Seminarista | 2do. de Teología