20 Dic 2020

HELLO! 1

COMPRADORES

1° Premio $200,000
Número de Boleto: 5692
Nombre del Ganador: Rebeca

2° Premio $100,000
Número de Boleto: 9292
Nombre del Ganador: Enrique

3° Premio $50,000
Número de Boleto: 12130
Nombre del Ganador: Jesús Angel

4° Premio $30,000
Número de Boleto: 6566
Nombre del Ganador: Yazmín

5° Premio $15,000
Número de Boleto: 8627
Nombre del Ganador: Karla

6° Premio $10,000
Número de Boleto: 10253
Nombre del Ganador: Hortencia

7° Premio $10,000
Número de Boleto: 6661
Nombre del Ganador: Rolando

8° Premio $10,000
Número de Boleto: 5792
Nombre del Ganador: Rubí

9° Premio $10,000
Número de Boleto: 8124
Nombre del Ganador: Karime

COLABORADORES

1° Premio $50,000
Número de Boleto: 5692
Nombre del Ganador: María Concepción

2° Premio $40,000
Número de Boleto: 9292
Nombre del Ganador: María Imelda

3° Premio $30,000
Número de Boleto: 12130
Nombre del Ganador: Alicia

4° Premio $15,000
Número de Boleto: 6566
Nombre del Ganador: Ricardo

5° Premio $10,000
Número de Boleto: 8627
Nombre del Ganador: María

6° Premio $5,000
Número de Boleto: 10253
Nombre del Ganador: Humberto

7° Premio $5,000
Número de Boleto: 6661
Nombre del Ganador: María Catalina

8° Premio $5,000
Número de Boleto: 5792
Nombre del Ganador: Hortencia

9° Premio $5,000
Número de Boleto: 8124
Nombre del Ganador: Juan Carlos

15 Nov 2020

HELLO! 1

Las Sagradas Escrituras es una fuente enriquecida con el testimonio de hombres y mujeres a los que Dios llamó y eligió para formar parte de su proyecto de salvación. No eran personas extraordinarias, ni gente diferente a las personas de su tiempo, eran personas que trabajaban, formaban parte de una familia, cuidaban el ganado, eran parte de una cultura; sin embargo, en un momento determinado de su vida, Dios los llamó desde lo que estaban viviendo, a una misión concreta, y es a partir de este momento que empiezan a vivir y a participar de ésta gran experiencia que se llama vocación.

Un ejemplo de éstos hombres que las Sagradas Escrituras nos relata lo encontramos en Abraham, una historia muy elocuente de la revelación de Dios hacia el hombre, pero sobretodo de alguien que al haber sido llamado por Dios, no solamente responde; sino que lo hace depositando toda su confianza en Él y no vacila al comprender, que el llamado que Dios le hizo, exigía romper esquemas. En tiempos de Abraham, la pertenencia al grupo social, sus tradiciones y sus costumbres era algo muy significativo, de manera que, al separarse o abandonar el seno familiar, el estatus social al que pertencía, sobretodo Abraham, que era una figura en sus tiempos de prestigio y posición social importante, no era bien visto y que podía tener consecuencias negativas, sobretodo para su familia.

En medio de éstos factores sociales y culturales en la que estaba envulto Abraham, probablemente hubo quienes trataron de impedir que hiciera caso a la invitación que Dios le había hecho, a que desistiera de esa “locura” de dejar todo lo que poseía, su familia y sus pertencias, solo para ir a las tierras donde Dios lo necesitaba (Gn 12,1). No obstante, Abraham no se ve ni se siente intimidado por eso, hay algo que lo movió y lo impulsó a tomar esa gran decisión de seguir al Señor, y todo lo que eso implicaba, y eso que lo motivó se llama confianza. Abraham es grande por haber confiado en Dios, y esto lo llevó a obedecerlo, dándonos una gran lección de que, quien se fía del Señor, da pasos seguros en su vida, en sus decisiones, y que de quien se empeña por cumplir la voluntad de Dios, no queda defraudado (Gn 12, 2). El Señor es generoso y nunca deja sin recompensa al que se abandona en Él.

Todos hemos sido llamados a participar de un proyecto que Dios tiene preparado para cada uno de nosotros. Y así como Abraham y otros hombres y mujeres de la Biblia, también hemos sido elegidos desde un ambiente social, cultural, familiar, bajo un gobierno, etc. y desde ahí, desde esas circunstancias, el Señor nos habla y hay que responderle con prontitud, abandonándonos plenamente en sus designios. Probablemente encontremos también obstáculos que nos dificulten el camino que Dios nos está mostrando, pero debemos de estar conscientes de que Dios no abandona al hombre que no duda de los planes que el Señor tiene para él y que lo va a proveer de lo necesario para responder al llamado.

Dejemos que la voz de Dios siga resonando en nuestro interior, poniendo nuestro futuro y proyectos en sus manos. El hombre que confía y obedece al Señor se convierte en bendición para los demás.

Aldo de Jesús Hernández Hernández
3ero. de Filosofía

06 Nov 2020

HELLO! 1

El martirio es la respuesta a la llamada de Dios que invita a seguirlo en medio de tantas contrariedades de la vida. El mártir es aquel que experimenta en su corazón el ardor del amor de Dios, a tal punto que le hace capaz de dar la propia vida por causa de Cristo y de su Iglesia.

A lo largo de la historia de la Iglesia, numerosos hombres y mujeres han abrazado el don del martirio entregando su vida por amor a Dios.
Ellos son ahora para nosotros ejemplo del seguimiento de Cristo, y nos recuerdan que todos somos llamados a dar testimonio de lo que hemos visto, oído y experimentado. Quienes aspiramos al sacerdocio y nos formamos en el Seminario de Monterrey, hemos descubierto en san Teófimo mártir, este modelo de entrega al Señor.

Celebrar la fiesta en honor a san Teófimo es un motivo de gran alegría para todos nosotros, pues nos recuerda un aspecto fundamental de la vocación a la que nos sentimos llamados: el ser testigos del amor de Dios en medio del mundo. Así, nuestro santo patrono nos motiva a seguir esforzándonos en cada momento de la formación, para que seamos verdaderos testigos del Señor para los demás.

Aunque este año, debido a la pandemia, no pudimos vivir una celebración como todos los años junto a nuestros hermanos menores, nuestras familias, bienhechores, trabajadores del Seminario, sacerdotes de Monterrey y tantas otras personas que aman a nuestro Seminario, sabemos con certeza que nos une a todos ellos la comunión de la oración, pues a pesar de no estar reunidos físicamente, compartimos, cada quien desde su hogar, una misma alegría.

Cada año las fiestas de san Teófimo nos motivan a seguir entregando la vida por Cristo y este año no debe ser la excepción. Hoy más que nunca debemos ser testigos del amor de Dios para el mundo, en medio de tanto sufrimiento y dolor que ha dejado esta pandemia. Por eso, pidámosle al Señor que por intercesión de su santo mártir Teófimo, nos conceda un corazón fuerte y valiente para atravesar esta tempestad y un corazón lleno de esperanza que sepa escuchar la voz de Jesús que dice: ¡Ánimo! Soy yo, no tengan miedo. (cfr. Mt 14, 27).

Erick Alfonso Rivera Ortiz
3ero de Filosofía

05 Nov 2020

HELLO! 1

Muy apreciados seminaristas:

Me dirijo a ustedes con motivo de la elección de un servidor, como obispo auxiliar de esta Arquidiócesis de Monterrey. Con gusto lo hago, hoy que celebramos a San Teófimo Mártir para presentarles mi estandarte episcopal, en el que espero proyectar en los signos que he querido incluir, un testimonio vocacional.

He elegido un estandarte como emblema episcopal en lugar de un escudo, pues me gusta más la idea de “alzar un estandarte”, como la conocida imagen de Pascua en la que vemos a Jesús alzando el estandarte pascual como signo de su victoria sobre la muerte.

Por ello, en el estandarte de tela ligera y no de acero pesado, colgado de una cruz larga y delgada, quiere proyectar mis sueños e ideales por los que deseo luchar en este ministerio episcopal. No pienso en un proyecto personal, pues éste, será el que mi Arzobispo me indique, pienso en algunos aspectos de mi vida de fe y vocación, que creo que son carismas que el Señor me ha regalado para el servicio de la misión y que, en fidelidad a lo que se me encomiende realizar, lo haré, como es natural desde lo que soy, o, mejor dicho, desde lo que Jesús ha hecho en mi vida y vocación. El estandarte en este sentido quiere reflejar y ser un testimonio de mi fe en Cristo y mi vocación sacerdotal.

Lo primero a explicar es que la cruz lleva un manto-estola, que es el manto del resucitado y está colocado como una estola sacerdotal. Creo que el sacerdocio bautismal mediante el cual participo de la vida nueva en Cristo, está estrechamente ligado y da sentido al sacerdocio ministerial, al que fui llamado, por eso uno en un mismo signo el signo de la pascua y el del sacerdocio.

Lo que sella y une la cruz y el manto-estola, es el cáliz y la T de San Teófimo Mártir, patrono de nuestro Seminario. Creo que el sacerdocio bautismal y ministerial, vivido «en espíritu y en verdad», tiene como máxima aspiración e inspiración, la entrega de la vida en ofrenda a Dios y al pueblo de Dios, ofrenda unida al testimonio de una vida con sabor a evangelio, al estilo de Jesús. Pero también, con el testimonio profético de la Palabra que no esconde la verdad, sino que la proclama desde las azoteas (cfr. Mt 10,27), aunque este ser testigo de la verdad (cfr. Jn 18,37) lleve consigo la persecución e incluso la muerte.

En esta misma sintonía del deseo de un ministerio que sea un auténtico testimonio profético, dentro del manto, he querido incluir en la parte inferior, el libro de la Sagrada Escritura y en la parte superior al Espíritu Santo, que la ha inspirado y que ungió el ministerio de Jesús y lo envío a las periferias a comunicar la Buena Nueva.

La Biblia ubicada “abajo” significa la encarnación e inculturación, ya que Aquel que es la Palabra, el Verbo de Dios, como una semilla; se encarna en la realidad del pueblo y se comunica desde la cultura, lenguaje, símbolos y realidad de la gente.

Del lado derecho, también en la parte inferior del estandarte, podemos ver unas casitas de madera y carrizo, y a la izquierda, edificios y casas de material como las que vemos (aunque algunos no las quieran ver) en los barrios de las periferias de nuestra gran ciudad. El campo y la ciudad se unen en la nueva realidad de Monterrey, realidad que me ha tocado conocer en las últimas tres parroquias y misiones parroquiales en las que he servido.

Mucha gente que viene a Monterrey de los estados del sur, de comunidades rurales (como las de la parroquia de Chiapas donde serví cuatro años), está re-configurando la realidad de nuestra Arquidiócesis, tanto por la riqueza de su religiosidad, como por sus sufrimientos que viven al ser explotados en lugares de trabajo con un esclavismo moderno (horarios en turnos sin vida familiar, bajos sueldos, pocas prestaciones, largas horas de traslado, etc.).

Al poner sus “casitas rurales” y “barrios urbanos” en el estandarte, quiero poner a la vista esa realidad a la que el Señor me envía a evangelizar. Además, mi lucha como sacerdote ha sido y deseo que siga siendo, contra la simonía (lucro con los sacramentos) y la burocracia (exceso de trámites imposibles de cumplir). Creo que mucha gente se aleja por esas trabas que muchas veces se ponen. En el proyecto de Jesús, el Reino, los últimos pasan a ocupar los primeros lugares y pido a Dios sabiduría, prudencia y valentía, para que, en mi ministerio episcopal, ellos también ocupen esos primeros lugares y nuestra Iglesia sea, cada día más, un lugar de inclusión y acogida de los más alejados y marginados.

De las casitas sale un camino que conduce a la “U” del Cerro de la Silla, símbolo de nuestra gran ciudad. El camino, por supuesto significa el seguimiento de Jesús, como clave y criterio de vida, pero también su ascenso al cerro, hacia el cielo. Me recuerda la escala de Jacob y la promesa hecha por Jesús a sus apóstoles: “Verán los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre subir y bajar rodeado de sus ángeles” (Jn 1). Esos textos bíblicos e imágenes, en el Cerro de la Silla, evocan a mi primer llamado y encuentro con Jesús resucitado en mi parroquia de origen, ubicada al pie del Cerro. Allí, en mi colonia, en la esquina donde antes de mi conversión me juntaba, allí, evangelizando en esas calles y desde mi encomienda como coordinador del grupo juvenil, fui testigo de la presencia de Jesús resucitado actuando, rodeado de sus ángeles y ayudado de muchos jóvenes antes alejados, en la evangelización de la parroquia.

Al poner arriba al Espíritu Santo, quiero recordarme a mí mismo, que no hay evangelización posible sin Él y así, al verlo; invocarlo, pues deseo de todo corazón, que mi ministerio al servicio del pueblo de Dios, sea un ministerio ungido, que como los primeros misioneros, me llene de su fuerza y me acompañe con su poder para que la obra de construir una Iglesia bonita y sencilla, semilla del Reino, con la que sueño, no confíe en mis pocas fuerzas y habilidades, sino en su poder y gracia.

Con el lema en latín “Spiritu et veritate evangelizare” (Evangelizar en espíritu y en verdad (Jn 4,23), deseo servir a Dios y al pueblo de Dios, con libertad de espíritu y sinceridad, según he explicado antes, teniendo la evangelización como principal tarea, ya que ésta, es la que distingue a un apóstol en el Nuevo Testamento, como misionero itinerante, ministro de la Palabra, convencido de esta verdad: «Ay de mi si no anuncio el evangelio» (1 Cor 9,16), sobre el que se fundamenta todas las cosas sobre roca.

El color blanco que predomina en el estandarte, al mismo tiempo que es el color de la Pascua, significa el deseo de ser un bienaventurado, con un corazón limpio. El verde significa esperanza y al mismo tiempo el tiempo ordinario de la liturgia, pues deseo que, como Jesús vivió su ministerio en lo ordinario de la vida, así, el trabajo ordinario que un servidor lleve a cabo, pueda estar orientado a las personas concretas que en el día a día, en lo ordinario, trabajan con esperanza por su familia y muchos también, trabajan gratuitamente como servidores en las parroquias y movimientos de nuestra Arquidiócesis. Ellos, el pueblo de Dios, han sido, en lo senillo y ordinario de sus vidas, un ejemplo y un testimonio que me ha sostenido, motivado y que mantiene mi esperanza en que es posible que el Reino de Dios, irrumpa ya en la historia, en nuestra historia personal, eclesial y social.

Agradezco a todos ustedes, hermanos seminaristas y formadores, familiares, trabajadores y maestros, por todo el cariño y fraternidad que me han manifestado en estos más de siete años que he servido como formador de este Seminario. Me encomiendo a sus oraciones y espero seguir sirviéndoles.

En verdad, estos años, sin merecerlo, han sido una bendición y una preparación, ustedes me han ayudado a formarme como pastor. Pido perdón por mis fallas, limitaciones y por no haberme entregado como desearía, pero se que el amor fraterno que ha nacido en este tiempo seguirá creciendo y fortaleciéndose.

Dios les bendiga y oren por un servidor para que sea fiel.

Mons. Juan Carlos Arcq Guzmán
Obispo auxiliar
Arquidiócesis de Monterrey

30 Oct 2020

HELLO! 1

Año tras año en nuestro querido Seminario de Monterrey celebramos el novenario de nuestro santo patrono: san Teofimo, mártir. Esta celebración se ha caracterizado entre nosotros por ser un momento especial en donde, seminaristas, padres y nuestras familias, nos reunimos presencialmente para convivir espiritual y fraternalmente.

Sin embargo, este año, por la situación que está aconteciendo mundialmente, nos hemos topado con la necesidad de cambiar la manera en que tradicionalmente celebramos nuestra fiesta. Incluso, desde que comenzamos su preparación nos enfrentamos a nuevos retos como el de transformar esta vivencia (totalmente) presencial, a una lo menos presencial posible disponiendo de las plataformas digitales. No está de más escribir que algunos seminaristas compartíamos entre nosotros la necesidad de seguir con el ánimo y el entusiasmo de siempre al preparar y vivir esta fiesta aún a pesar de las contrariedades que han surgido por el nuevo coronavirus. Entre nosostros, compartíamos que esta situación nos da la oportunidad para reflexionar en las semejanzas de lo que estamos viviendo y de lo que pudo haber experimentado san Teófimo antes y durante el proceso de su martirio (encierro, aislamiento, miedo, etcétera), pero enfocándonos en la valentía, la entrega, la fidelidad y el amor a Cristo que llevó a nuestro patrono a la victoria celestial.

En años anteriores el novenario se iniciaba con una bienvenida por parte del Instituto de Teología a los demás Institutos del Seminario: Menor, Propedéutico y Filosofía. Esta bienvenida incluía batucada, snacks, ceremonia inaugural y convivencia deportiva. Algunas veces, después de la bienvenida, recibíamos dentro del mismo Seminario una conferencia en torno a la fiesta o sobre algún acontecimiento relevante del año en curso. Luego, unidos en procesión, trasladábamos las reliquias de nuestro patrono de donde normalmente se encuentran (en Rectoría) a una de las capillas del Seminario Mayor, y ya entronizado el santo iniciábamos formalmente la novena a san Teófimo. Terminado este acto litúrgico teníamos, lo que algunos llamaban, “noche de gala”, pues mientras cenábamos, disfrutábamos de alguna presentación musical, teatral o de comedia.

Aunque sí es un poco desconcertante la manera en que estamos viviendo actualmente la fiesta, ya que por motivos de seguridad y prevención se consideró conveniente que cada instituto celebrará en sus respectivas casas formativas (por lo que no hubo bienvenida como tal, la conferencia fue a través de las plataformas digitales y la procesión para la entronización del santo se realizó sólo con una pequeña representación del Instituto de Teología), agradecemos que se haya podido realizar el novenario a san Teófimo, pues es gracias a su testimonio que nosotros podemos renovar y fortalecer nuestro sí al llamado que Dios nos hace.

Fuera de la nostalgia que puede provocar esto en algunos de nosotros, nos ha ayudado a mantener abiertas las puertas (hablando virtualmente) del Seminario a nuestras familias, amigos y bienhechores para que puedan experimentar un poco de lo que nosotros vivimos en torno a esta fiesta.

Así mismo, esta reflexión sobre la persecución y/o el martirio que han tenido que pasar algunos miembros de nuestra Iglesia desde los primeros siglos hasta nuestros días, nos debe llevar a la certeza de que lo único eterno es el amor de Dios, a la esperanza de que juntos saldremos adelante de esta situación y a una caridad inquebrantable fundamentada en el amor y la gracia de Cristo.

Miguel Alejandro Ortiz Balandrán
3ero. de Teología

26 Oct 2020

HELLO! 1

A lo largo de 85 años, hemos venerado y celebrado a san Teófimo Mártir, Patrono del Seminario Arquidiocesano de Monterrey. Y aún en medio de esta pandemia, queremos que nuestro corazón siga ardiendo como el de aquel mártir quien por defender su fe; dio la vida por Cristo.

Teófimo, el cual su nombre significa: “El que anuncia la voluntad divina”, sigue alentando a muchos jóvenes seminaristas a seguir dando la vida por Aquel que la dio por nosotros.

Las reliquias de san Teófimo, llegaron en el año 1924, el Excmo. Sr. José Juan de Jesús Herrera y Piña era obispo de nuestra diócesis junto con el Pbro. Rafael Plancarte las consiguió para el Seminario. Cabe resaltar que estas reliquias eran conservadas por las religiosas Turquinas en la ciudad de Roma.

Teófimo llegó a nuestra ciudad en una época de persecución religiosa, en una época donde el seguir a Cristo era difícil como en tiempos de san Teófimo. San Teófimo llegó para dar ánimo a los seminaristas y ver en él un ejemplo de vida entregada y sellada en Cristo con su sangre.

Las reliquias de san Teófimo estuvieron escondidas en diversas casas y en el año de 1935 llegarían a las instalaciones del Seminario que en aquel entonces se encontraba en el Templo San Luis Gonzaga.

Posteriormente en el año de 1959 llegaría a las instalaciones del Seminario ubicado en el municipio de San Pedro donde permaneció por más de 36 años. En el año de 1995 san Teófimo, junto con todo el Seminario Mayor cambiarán de casa a las instalaciones del Seminario que actualmente se ubican en el municipio de Juárez. Actualmente sus reliquias se encuentran custodiadas en la capilla de Rectoría, donde los seminaristas acudimos a pedir su intercesión.

La fiesta de san Teófimo es celebrada el 5 de noviembre y este año, no hemos querido pasar de largo esta fecha que para todo el Seminario es muy importante y significativa. Será una fiesta totalmente diferente donde buscaremos seguir dando esperanza y consuelo a toda nuestra comunidad.

Que san Teófimo mártir siga intercediendo por cada uno de nosotros, y que en medio de esta tempestad podamos escuchar la voz del Señor que nos dice: “¡Ánimo!, soy Yo, no tengan miedo” (Mt 14,27).

Juan José Barbosa Reyna.
2do. de Teología

23 Oct 2020

HELLO! 1

¿Dónde encontrar a Dios? es la pregunta del hombre agobiado y de la mujer desesperada; del joven inquieto y del apasionado por la ciencia; de los que quieren dar gracias y de los que no están satisfechos con lo efímero; de quien llora en el funeral y de quien está convencido que la muerte no es el final. Este es uno de tantos testimonios que agradezco a Dios por conocer.

Buscando una respuesta, recuerdo una tradicional jaculatoria a rezar después de exponer el Santísimo Sacramento: “En los cielos y en la tierra sea por siempre alabado”. En otro lugar está escrito: “En la liturgia de la misa expresamos nuestra fe en la presencia real de Cristo bajo las especies de pan y de vino… (CIC No. 1378). Estamos llamados a reunirnos en la Eucaristía para encontrarnos con Cristo y dar testimonio de él.

¡Pero tengo más preguntas! ¿Cómo encontrar a Dios después del molesto sonido del despertador? Me cuestiono si en la aglomeración del transporte urbano está Dios. El contemplativo me dirá que en medio del tráfico se puede hablar con Dios, pero cómo hacerlo cuando el diálogo interno es con el estrés, con el agobio del jefe o con los ánimos del lunes por la mañana. El ama de casa busca a Dios, pero lo encuentra lejano cuando las clases de los hijos son en casa, cuando el esposo trabaja desde la recamara, y su privacidad matinal se desvanece al igual que los planes del verano.

El enfermo y su familia buscan a Dios en la impotencia ante un diagnóstico desalentador; más bien parece que Dios se ha puesto en cuarentena. El joven se cuestiona si es el fin del mundo, pregunta porqué Dios no ordena las cosas, o al menos una parte de su vida.¡Pero tengo una certeza! ¡Por medio del amor encontraremos a Dios en lo cotidiano!

En un acto libre y confiado a Dios, al final del día es posible reflexionar el motor de nuestras acciones, el consuelo obtenido y lo que esperamos para la siguiente jornada. Existe una poderosa fuerza que apaga el despertador, nos levanta de la cama y nos conduce llenos de confianza a las labores cotidianas. ¡Es una fuerza que viene de Dios!

Hay una poderosa capacidad de transformar la mirada para ver en los conflictos familiares una oportunidad para crecer en la unidad, fidelidad y amor. Una acción es capaz de transformar la debilidad en fortaleza cuando la enfermedad parece haber llegado para quedarse. Y una decisión se convierte en la luz que ilumina nuestras incertidumbres más profundas.¡Esta fuerza, capacidad, acción y decisión es el amor! ¡Y en el amor está Dios, porque Dios es amor! (1 Jn 4,16).

El amor por la familia, por el prójimo, por uno mismo y por Dios hace posible regenerar nuestra percepción de la vida; nos da esperanza para darnos cuenta que Dios mora en nuestro interior y la fe siembra semillas de certeza ante lo que desconocemos.

Pero ¿cómo generar amor para encontrar a Dios en lo cotidiano? Eso ya está solucionado por el mismo Señor: “En esto está el amor: no es que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó primero” (1 Jn 4,10). Así compruebo nuevamente qué, de muchas maneras, Dios se adelanta poniendo los medios para que el amor sea la chispa que encienda el fuego de su presencia, providencia, renovación y acción.

Sean mis oraciones ante sus necesidades un sincero gesto de amor, con la certeza de que Él ya se ha adelantado en ello, pues “Él nos ha amado primero” (1 Jn 4,10).

Angel Salvador Martínez Chávez
2° Filosofía.

16 Oct 2020

HELLO! 1

Santa Teresita del Niño Jesús, es una santa que me ha enseñado el valor de la contemplación, porque su manera de dirigirse a Jesús, aunque para muchos pareciere que es de modo un poco infantil, es profundamente trascendental. Su lenguaje ante Dios es realmente sencillo, sin portentosos discursos, lleno de pequeñez, de ternura, de detalles, de miradas, de silencio, simplemente vivir el cielo aquí en la tierra.

Ella me mostrado que el camino del discípulo, más allá de la escucha atenta al Maestro (cfr. Mc 3, 13-19), es necesario vivir momento a momento, porque cada día tiene sus propios afanes (cfr. Mt 6, 34). “Él solo pide abandono y agradecimiento” es una de las frases que ella exclamaba constantemente cuando compartía el amor de Jesús con sus hermanas carmelitas, y sin duda, es algo que adopté desde los primeros años y lo he ido haciendo vida en mi respuesta vocacional.

Santa Teresita de Lisieux, principalmente contempla cuando ama, por eso ella siempre quería amar muchísimo, siempre le sobraban ganas de recurrir constantemente a la oración, de ahí su popular frase: “vivir de amor” y ¿qué locura no? ¡Sólo Jesús le devuelve más amor a tu amor!

Concretamente, me enseña a vivir el valor de la contemplación en la liturgia, a estar atento a los mensajes y acciones de Jesús en el Evangelio, a tener ansia de apostolado, a observar las cualidades del Buen Pastor y a tener una entrega generosa con mis hermanos.

Ella es mi gran amiga, la pequeña Teresita, mi compañera de camino, la gran patrona que el Señor me otorgó; es mi ejemplo para amar a Jesús y con ella comparto cada día mi llamado y vocación. Santa Teresita de Lisieux me ha enseñado esa forma auténtica y total de vivir de amor por Él y por los demás. «Confianza y abandono» es el caminito que me ha mostrado, en esta infancia espiritual. Darle al corazón divino todo, porque a Él le gusta la ternura, y exclamo junto con ella: ¡quiero pasar mi cielo aquí en la tierra! ¡Santa Teresita del Niño Jesús, ruega por nosotros!

José Isabel Hernández Salazar
1ero. de Teología

09 Oct 2020

HELLO! 1

La oración de contemplación es una de las distintas maneras en las que podemos estar en la presencia de Dios, es una oportunidad para poder sentir el amor misericordioso de Dios.

Y ¿por qué es importante orar? La oración es importante y también necesaria, ya que responde a todos los deseos del hombre hacia Dios, aquello que necesita, que quiere agradecer o que simplemente quiere compartir. De manera general, orar es un don de Dios, un diálogo con quien sabemos nos ama.

Y en el caso de la oración contemplativa, es “mirar al Señor” y escucharlo, vaciarnos de todo bastando una mirada. Hemos escuchado quizá, en algún momento, una forma muy particular de definir este método: «yo lo miro, Él me mira». En este mirar al Señor descubrimos aquello que hemos hablado en la oración. Esto se descubre con disposición del corazón, y el momento en el cual podemos realizar este ejercicio es cuando descubrimos que hablamos mucho, pero no hemos dejado que Dios nos hable. Esto sucede de forma inesperada; hay ocasiones en las que nos quedamos sin palabras al ver al Señor de manera sacramental o al descubrirlo a través de la creación o de un gesto dentro de nuestro día a día. San Buenaventura tiene un pensamiento muy interesante: “Que busquemos al Señor cada día, pero que lo encontremos primero en el propio corazón”. No podemos buscar a Dios afuera, si primero no lo hemos encontrado dentro de nosotros. Entonces, descubrir la voz de Dios en todos estos acontecimientos es contemplar.

Conocer esta manera de orar nos ayuda a no hacer de nuestro diálogo con Dios algo cualquiera, sino un momento especial en el que requerimos paciencia para escuchar. Podemos pensar que el Señor nos pedirá muchas cosas, algo que esté fuera de nuestro alcance; pero lo que realmente espera es que estemos con Él y que hagamos memoria de todo lo bueno que nos ha dado. Cuando no encontremos un punto de partida, acudamos a la Palabra de Dios, que es lámpara que ilumina nuestros pasos.

La oración no consiste en hacer discursos bonitos, frases motivacionales o consoladoras. Oración es, a veces, dirigir una mirada al Señor. Yo los quiero invitar a que busquemos en este método una herramienta más para seguir con nuestro camino de configuración con Jesús Buen Pastor, tomando en cuenta que esto no se da de la noche a la mañana, pero iniciarlo es un gran avance. No nos dejemos vencer por aquellos impedimentos que nos hacen alejarnos de Dios, y pidamos la luz de su gracia para poder escuchar y atender con un espíritu dócil aquello que Él quiere para nosotros.

Iván Ezequiel Martínez González
2 de Filosofía.

02 Oct 2020

HELLO! 1

La felicidad es algo muy importante en la vida de las personas y en muchas ocasiones se busca ser feliz y vivir en paz, aunque a veces suene imposible. Es difícil detenerse para ir más allá de lo que se puede ver, ya que esto exige tiempo, que en ocasiones no tenemos, o no estamos dispuestos a ceder.

El encuentro con el otro nos lleva hacia una aventura, ya sea por las ideas o planes que pueda proponer. Estar en contacto con los demás nos ayuda a ver fuera de nosotros mismos, yendo más allá de lo cotidiano, y si ponemos atención, nuestra vida puede mejorar considerablemente.

Todos queremos saber para qué estamos aquí en el mundo, tenemos dudas sobre lo que debemos hacer o en dónde deberíamos estar, queremos estar seguros de nuestra vida y también ser exitosos en esta búsqueda.

Ser llamado a una vida de fe exige mucho de nuestra parte y no siempre es como se supone que deba ser, pero se tiene una oportunidad tan valiosa que llenará con creces nuestra vida. Por esto, buscar encontrarme con Aquel que me dio la vida, sea cual fuere el camino, aunque pueda causar miedo y duda, alcanza la certeza de que será una vocación feliz por el simple hecho de tener a Dios como nuestro origen y nuestro fin.
No hacen falta grandes discursos para saber hacia dónde ir. En el momento que nos quedamos sin habla ante la presencia de Dios, cuando miramos a Cristo, todo está claro, Jesús es el camino, la verdad y la vida. La vida con Dios hace al hombre feliz.

Recemos juntos:

Señor Jesús,
reconocíéndome amado por ti,
he visto cuanto te necesita el mundo;
A pesar del miedo y la duda, ¡aquí estoy!
Envíame a ser lo que has soñado para mi desde la eternidad.

María, madre de los jóvenes,
tú que dijiste sí con alegría,
enséñame a hacer todo lo que Él me diga.
Amén.

Seminaristas Mauro Villegas
Tercero de Filosofía