06 Nov 2020

HELLO! 1

El martirio es la respuesta a la llamada de Dios que invita a seguirlo en medio de tantas contrariedades de la vida. El mártir es aquel que experimenta en su corazón el ardor del amor de Dios, a tal punto que le hace capaz de dar la propia vida por causa de Cristo y de su Iglesia.

A lo largo de la historia de la Iglesia, numerosos hombres y mujeres han abrazado el don del martirio entregando su vida por amor a Dios.
Ellos son ahora para nosotros ejemplo del seguimiento de Cristo, y nos recuerdan que todos somos llamados a dar testimonio de lo que hemos visto, oído y experimentado. Quienes aspiramos al sacerdocio y nos formamos en el Seminario de Monterrey, hemos descubierto en san Teófimo mártir, este modelo de entrega al Señor.

Celebrar la fiesta en honor a san Teófimo es un motivo de gran alegría para todos nosotros, pues nos recuerda un aspecto fundamental de la vocación a la que nos sentimos llamados: el ser testigos del amor de Dios en medio del mundo. Así, nuestro santo patrono nos motiva a seguir esforzándonos en cada momento de la formación, para que seamos verdaderos testigos del Señor para los demás.

Aunque este año, debido a la pandemia, no pudimos vivir una celebración como todos los años junto a nuestros hermanos menores, nuestras familias, bienhechores, trabajadores del Seminario, sacerdotes de Monterrey y tantas otras personas que aman a nuestro Seminario, sabemos con certeza que nos une a todos ellos la comunión de la oración, pues a pesar de no estar reunidos físicamente, compartimos, cada quien desde su hogar, una misma alegría.

Cada año las fiestas de san Teófimo nos motivan a seguir entregando la vida por Cristo y este año no debe ser la excepción. Hoy más que nunca debemos ser testigos del amor de Dios para el mundo, en medio de tanto sufrimiento y dolor que ha dejado esta pandemia. Por eso, pidámosle al Señor que por intercesión de su santo mártir Teófimo, nos conceda un corazón fuerte y valiente para atravesar esta tempestad y un corazón lleno de esperanza que sepa escuchar la voz de Jesús que dice: ¡Ánimo! Soy yo, no tengan miedo. (cfr. Mt 14, 27).

Erick Alfonso Rivera Ortiz
3ero de Filosofía

30 Oct 2020

HELLO! 1

Año tras año en nuestro querido Seminario de Monterrey celebramos el novenario de nuestro santo patrono: san Teofimo, mártir. Esta celebración se ha caracterizado entre nosotros por ser un momento especial en donde, seminaristas, padres y nuestras familias, nos reunimos presencialmente para convivir espiritual y fraternalmente.

Sin embargo, este año, por la situación que está aconteciendo mundialmente, nos hemos topado con la necesidad de cambiar la manera en que tradicionalmente celebramos nuestra fiesta. Incluso, desde que comenzamos su preparación nos enfrentamos a nuevos retos como el de transformar esta vivencia (totalmente) presencial, a una lo menos presencial posible disponiendo de las plataformas digitales. No está de más escribir que algunos seminaristas compartíamos entre nosotros la necesidad de seguir con el ánimo y el entusiasmo de siempre al preparar y vivir esta fiesta aún a pesar de las contrariedades que han surgido por el nuevo coronavirus. Entre nosostros, compartíamos que esta situación nos da la oportunidad para reflexionar en las semejanzas de lo que estamos viviendo y de lo que pudo haber experimentado san Teófimo antes y durante el proceso de su martirio (encierro, aislamiento, miedo, etcétera), pero enfocándonos en la valentía, la entrega, la fidelidad y el amor a Cristo que llevó a nuestro patrono a la victoria celestial.

En años anteriores el novenario se iniciaba con una bienvenida por parte del Instituto de Teología a los demás Institutos del Seminario: Menor, Propedéutico y Filosofía. Esta bienvenida incluía batucada, snacks, ceremonia inaugural y convivencia deportiva. Algunas veces, después de la bienvenida, recibíamos dentro del mismo Seminario una conferencia en torno a la fiesta o sobre algún acontecimiento relevante del año en curso. Luego, unidos en procesión, trasladábamos las reliquias de nuestro patrono de donde normalmente se encuentran (en Rectoría) a una de las capillas del Seminario Mayor, y ya entronizado el santo iniciábamos formalmente la novena a san Teófimo. Terminado este acto litúrgico teníamos, lo que algunos llamaban, “noche de gala”, pues mientras cenábamos, disfrutábamos de alguna presentación musical, teatral o de comedia.

Aunque sí es un poco desconcertante la manera en que estamos viviendo actualmente la fiesta, ya que por motivos de seguridad y prevención se consideró conveniente que cada instituto celebrará en sus respectivas casas formativas (por lo que no hubo bienvenida como tal, la conferencia fue a través de las plataformas digitales y la procesión para la entronización del santo se realizó sólo con una pequeña representación del Instituto de Teología), agradecemos que se haya podido realizar el novenario a san Teófimo, pues es gracias a su testimonio que nosotros podemos renovar y fortalecer nuestro sí al llamado que Dios nos hace.

Fuera de la nostalgia que puede provocar esto en algunos de nosotros, nos ha ayudado a mantener abiertas las puertas (hablando virtualmente) del Seminario a nuestras familias, amigos y bienhechores para que puedan experimentar un poco de lo que nosotros vivimos en torno a esta fiesta.

Así mismo, esta reflexión sobre la persecución y/o el martirio que han tenido que pasar algunos miembros de nuestra Iglesia desde los primeros siglos hasta nuestros días, nos debe llevar a la certeza de que lo único eterno es el amor de Dios, a la esperanza de que juntos saldremos adelante de esta situación y a una caridad inquebrantable fundamentada en el amor y la gracia de Cristo.

Miguel Alejandro Ortiz Balandrán
3ero. de Teología

23 Oct 2020

HELLO! 1

¿Dónde encontrar a Dios? es la pregunta del hombre agobiado y de la mujer desesperada; del joven inquieto y del apasionado por la ciencia; de los que quieren dar gracias y de los que no están satisfechos con lo efímero; de quien llora en el funeral y de quien está convencido que la muerte no es el final. Este es uno de tantos testimonios que agradezco a Dios por conocer.

Buscando una respuesta, recuerdo una tradicional jaculatoria a rezar después de exponer el Santísimo Sacramento: “En los cielos y en la tierra sea por siempre alabado”. En otro lugar está escrito: “En la liturgia de la misa expresamos nuestra fe en la presencia real de Cristo bajo las especies de pan y de vino… (CIC No. 1378). Estamos llamados a reunirnos en la Eucaristía para encontrarnos con Cristo y dar testimonio de él.

¡Pero tengo más preguntas! ¿Cómo encontrar a Dios después del molesto sonido del despertador? Me cuestiono si en la aglomeración del transporte urbano está Dios. El contemplativo me dirá que en medio del tráfico se puede hablar con Dios, pero cómo hacerlo cuando el diálogo interno es con el estrés, con el agobio del jefe o con los ánimos del lunes por la mañana. El ama de casa busca a Dios, pero lo encuentra lejano cuando las clases de los hijos son en casa, cuando el esposo trabaja desde la recamara, y su privacidad matinal se desvanece al igual que los planes del verano.

El enfermo y su familia buscan a Dios en la impotencia ante un diagnóstico desalentador; más bien parece que Dios se ha puesto en cuarentena. El joven se cuestiona si es el fin del mundo, pregunta porqué Dios no ordena las cosas, o al menos una parte de su vida.¡Pero tengo una certeza! ¡Por medio del amor encontraremos a Dios en lo cotidiano!

En un acto libre y confiado a Dios, al final del día es posible reflexionar el motor de nuestras acciones, el consuelo obtenido y lo que esperamos para la siguiente jornada. Existe una poderosa fuerza que apaga el despertador, nos levanta de la cama y nos conduce llenos de confianza a las labores cotidianas. ¡Es una fuerza que viene de Dios!

Hay una poderosa capacidad de transformar la mirada para ver en los conflictos familiares una oportunidad para crecer en la unidad, fidelidad y amor. Una acción es capaz de transformar la debilidad en fortaleza cuando la enfermedad parece haber llegado para quedarse. Y una decisión se convierte en la luz que ilumina nuestras incertidumbres más profundas.¡Esta fuerza, capacidad, acción y decisión es el amor! ¡Y en el amor está Dios, porque Dios es amor! (1 Jn 4,16).

El amor por la familia, por el prójimo, por uno mismo y por Dios hace posible regenerar nuestra percepción de la vida; nos da esperanza para darnos cuenta que Dios mora en nuestro interior y la fe siembra semillas de certeza ante lo que desconocemos.

Pero ¿cómo generar amor para encontrar a Dios en lo cotidiano? Eso ya está solucionado por el mismo Señor: “En esto está el amor: no es que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó primero” (1 Jn 4,10). Así compruebo nuevamente qué, de muchas maneras, Dios se adelanta poniendo los medios para que el amor sea la chispa que encienda el fuego de su presencia, providencia, renovación y acción.

Sean mis oraciones ante sus necesidades un sincero gesto de amor, con la certeza de que Él ya se ha adelantado en ello, pues “Él nos ha amado primero” (1 Jn 4,10).

Angel Salvador Martínez Chávez
2° Filosofía.

25 Ago 2020

HELLO! 1

Cada año, nuestro Seminario se viste de gala para celebrar la gracia que Dios nos concede, a todo su pueblo, a través del don del sacerdocio conferido a sus últimos diáconos ordenados, hoy conocidos como “neosacerdotes” (nuevos sacerdotes) de nuestra Arquidiócesis de Monterrey. Esta celebración es parte de una tradición muy especial que vivimos en el Seminario: la de esperar con alegría el momento de compartir con éstos hermanos nuestros la experiencia del amor de Dios que se encarna en ellos, servidores suyos, para vivir en comunidad la celebración de su Cantamisa (primera misa celebrada por un sacerdote ordenado).

Este año, pese las circunstancias que hoy vivimos en la sociedad, hemos podido ser testigos de esta celebración que verdaderamente llena de esperanza los pasillos de nuestro Seminario. ¡Dios hace vida la oración de su Pueblo! Podemos ver, en la persona de cada uno de nuestros hermanos ya ordenados, cómo se cristaliza la promesa del Señor de permanecer siempre en medio de nosotros (Mt. 28, 20), y quienes aún nos encontramos en formación para un día llegar a ese mismo momento, descubrimos cuán bueno es realmente Dios con cada uno de nosotros, y cuán grande es su gracia que incansablemente se nos manifiesta para abrazar nuestras limitaciones humanas. En esta ocasión, Edgar, Pablo, Jorge y Daniel, compartieron con nosotros el banquete eucarístico, mostrando su infinita gratitud con el Señor por ser hoy portadores del inmerecido don del sacerdocio.

Sus rostros, llenos de alegría, me invitaban a reflexionar cómo es que Dios se hace tan presente en un momento de la historia en el que sentimos tanta incertidumbre, frustración y cansancio. Pensaba en que Dios no se olvida de nosotros, que se nos sigue apareciendo en lo ordinario y sencillo para recordarnos que no estamos solos y que vamos a estar bien; que nos muestra caminos de esperanza y nos colma de su amor a manos llenas: ¡hoy tenemos 4 nuevos sacerdotes en Monterrey! Sin duda alguna, éste es un acontecimiento que marca nuestra vocación y motiva nuestro caminar formativo; que impulsa nuestra entrega y alimenta nuestro espíritu. Los nuevos sacerdotes son ya un signo visible de Cristo que vive por y para su pueblo; son nuevos puentes que se abren para que todos podamos acceder al Reino de los Cielos con mayor facilidad; son prueba viva y palpable de la generosidad de Dios ante la oración de su pueblo que ora incesantemente: ¡Señor, danos muchos y muy santo sacerdotes!

Patricio Rico Villarreal
1º de Teología

22 Jun 2020

HELLO! 1

La santidad es un llamado que todos recibimos y podemos responder. Es muy común que tengamos alguna experiencia con algún santo, ya sea por ser devotos, por la comunidad en la que participamos o porque nuestros papás o nuestros abuelos tienen alguna imagen o ícono que lo representen en algún lugar de la casa.

Los santos son testigos palpables del gran amor que Dios tiene para con nosotros. Él nos muestra por medio de ellos que todos podemos alcanzar el Reino de los cielos. Ellos siendo personas con muchas virtudes y grandes carismas, ayudaron a acercar a Cristo a las personas que les era desconocido, y claro está que ellos también tuvieron defectos y muchos problemas que evitaban que tuvieran una conexión más fuerte y profunda con Jesús.

No dudemos del gran amor que Cristo nos tiene, está claro que tú puedes ser santo, no metas excusas e ideas de que no cumples las cualidades necesarias para poder serlo. Lo primero que tenemos que hacer, para encaminarnos en ella, es querer serlo; porque desde el momento en que pensamos que es imposible, descartamos de manera inmediata la santidad y podemos quedarnos en la tranquilidad, por creer la dificultad que implica la entrega total al Señor.

Bueno ¿qué esperas? es tu momento de decir ¡quiero ser santo!, pero dilo, repite en tu corazón y en tu mente: “¡quiero ser santo!, ¡quiero ser santo!, ¡quiero ser santo!”. La santidad no se trata de estar las 24 horas de los siete días de la semana hincado rezando. No, claro que no, y mucho menos te estoy diciendo que entres a alguna congregación, seminario, convento, etc. En cualquier camino la puedes encontrar, solo es cuestión de que la busques y dejes que te encuentre.

Pero ¿cómo comienzo este camino de santidad?, no te preocupes hay muchos modelos de los que podemos tomar nota, empezando por la misma vida de Jesucristo narrada en los Evangelios. Tal vez nos podamos encontrar como los discípulos de Emaús (Lucas 24, 13-35) donde ellos se encontraban desconcertados y tristes por la muerte de Jesús y Él se les aparece en el camino y les explica las escrituras, pero no es hasta el momento de partir el pan, cuando lo reconocen, y se preguntan ¿no ardía nuestro corazón?… y desde ese momento se fueron a proclamar que Cristo verdaderamente resucitó, así nosotros proclamemos que Él vive, que Él está presente.

Así pues, sabemos que no es fácil caminar solo por esta vida, por eso, te invito a que averigues a que santo te puedes encomendar con el siguiente test para que él o ella te acompañe en tu propio camino de configuración con Cristo.

Manuel de Jesús García Ramos
1ero. de Filosofía

15 Feb 2020

La vocación a la vida consagrada, es fruto del amor, de la oración, de la fe transmita en la comunidad de familia, amigos, grupos de apostolado, parroquia. Cada espacio en el que se vive y fomentan los valores cristianos del Evangelio, es tierra fértil en la que nacen vocaciones al sacerdocio.

Los seminaristas necesitan de nuestro apoyo económico y nuestra oración, para continuar con su formación al sacerdocio. Por eso, durante el mes de Febrero, visitan las parroquias de la Arquidiócesis de Monterrey para solicitar su colaboración en nuestra «Colecta Anual».

Éste año, la Colecta Anual se realizará los días 15 y 16 de Febrero, en las zonas de la 1 a la 6, y los días 22 y 23 de Febrero, en las zonas de la 7 a la 13. Todo lo recaudado, es destinado a la manutención y formación académica de los seminaristas.

Recibimos donativos en efectivo o vía electrónica. En algunas parroquias del área metropolitana, habrá personal del Seminario de Monterrey debidamente identificados, recibiendo su donativo vía electrónica.

Si te encuentra con algún seminarista, salúdalo, pídele que te cuente cómo se dio cuenta qué quería ser sacerdote. Su camino de elección no es fácil, pero los lleva a encontrar la plenitud entregando su vida a Dios.

Febrero, mes del Seminario, y tiempo de agradecer a cada uno de ustedes, su oración y su amor.

01 Feb 2019

HELLO! 1

El Seminario me proporciona herramientas necesarias para ir alcanzando lo que más anhela mi corazón: consagrarme a Dios.

El “área humana”, es una de las cuatro bases que el Seminario de Monterrey ofrece a todo joven que ingresa a la institución. La formación humana, suscita en el seminarista que se sienta interpelado y comprometido consigo mismo, teniendo como fuente a Cristo, el hombre perfecto.

Esta área formativa es muy importante, ya que como Pastor de una comunidad, es necesario que nuestro desarrollo integral esté lo más consciente y maduro, de manera que sepamos abordar las diferentes realidades a las que nos enfrentamos.

En mi proceso formativo, he llegado a comprender que para mí, la experiencia del Seminario ha sido de una escuela de humanidad, que me hace sentir como una persona que se va constituyendo de manera integral, y que me ha mostrado, que por medio de la fe no estoy determinado a vivir siempre en una misma realidad. Al contrario, me ha brindado la manera de trascender como hijo de Dios. Teniendo un encuentro espiritual personal y comunitario. Ya que la fe es mejor vivida y expresada en comunidad.

Por eso, quiero darte las gracias por el aporte espiritual y material que haces en el “Día del Seminario”, estoy eternamente agradecidos por tu generosidad, puesto que con tu aporte haces posible que nuestra vocación, llegue a alcanzar su plenitud. Le pido a Dios que algún día yo pueda devolverte las inmensas bendiciones, que tú has hecho posible en mi vida. Ruego a Dios por ti en mis pobres oraciones.

Que Dios bendiga cada paso que des.
¡Gracias!

Daniel Morales Rodríguez.
Tercero de Teología.

24 Ene 2019

HELLO! 1

Es tiempo de ayudar y apoyar a nuestros seminaristas que se están preparando para servir al pueblo de Dios. Ellos necesitan de nuestro apoyo económico y de nuestra oración para continuar con su formación hacia el sacerdocio. 

El Seminario de Monterrey es responsable del proceso formativo de los futuros pastores del pueblo de Dios, brindándoles formación humana, espiritual, intelectual y pastoral. En el ciclo 2018-2019 contamos con 225 alumnos, los cuales están divididos en 4 institutos: Seminario Menor, Curso Introductorio, Instituto de Filosofía e Instituto de Teología.

Los seminaristas visitarán las parroquias de la Arquidiócesis de Monterrey durante el mes de febrero. Los días 16 y 17 visitarán las zonas 1 a la 6 y el 23 y 24 visitarán las zonas 7 a la 13, para invitarlos a apoyar con la Colecta Anual del Seminario de Monterrey. 

El camino de la fe es personal pero no solitario, junto a ellos, más de 5 mil voluntarios miembros de los diferentes organismos y movimientos de la Comisión Arquidiocesana para Laicos y la Pastoral Juvenil de la Arquidiócesis de Monterrey, apoyando en diferentes cruceros de la zona metropolitana los días 9 y 10 de febrero, su donativo se verá reflejado en su manutención y formación académica.

¡Con tu ayuda llegarán a ser sacerdotes!

19 Dic 2018

HELLO! 1

El 18 de diciembre fiesta de Nuestra Señora del Roble, patrona de Monterrey, 22 hermanos nuestros han recibido la sotana, bendecida e impuesta por el Sr. Arzobispo don Rogelio Cabrera López.

La sotana es un signo vocacional en si mismo, con ella, el obispo, sacerdote o seminarista adquieren identidad y un compromiso no solo moral sino también espiritual. Durante siglos la sotana ha sido un signo de respeto y reverencia, pero también un signo de persecución y martirio. Pues los que la portamos, estamos convencidos que hemos sido llamados a consagrar nuestra vida al servicio de Dios y de nuestros hermanos.

Su color negro simboliza la muerte al mundo, pues vivimos en el mundo, pero no actuamos como todo el mundo (2 Cor 10, 3).

La sotana es de una sola pieza que cubre casi todo nuestro cuerpo, esto es porqué pertenecemos enteramente a Dios, somos revestidos con su gracia.

Durante la homilía, el Sr. Arzobispo animó a los seminaristas a tomar con seriedad el signo que iban a recibir y tomar conciencia que la vida sacerdotal no era fácil pero que valía la pena: “el sacerdocio no es para caminar por alfombra roja, ni para ser aplaudidos, sino para servir y desgastarse por todos los fieles”.

Así mismo, Monseñor Rogelio, exhortó a todos los fieles a pedir a Dios por las vocaciones y encomendar a las manos amorosas de la Santísima Virgen María en su advocación del Roble, a todos los seminaristas, sacerdotes y consagrados, para que con su poderosa intercesión, Dios nos conceda ser fieles al llamado que hemos recibido.

La comunidad del Seminario de Monterrey se alegra por éste hecho significativo para todos nosotros, pues nos recuerda el llamado que hemos recibido, así como la responsabilidad, el compromiso y la fidelidad con la que hemos de responder, por amor a Cristo y a la Santa Madre Iglesia.

Héctor Elías Morales Montes
1o. de Teología.

15 Ago 2018

HELLO! 1

La ordenación sacerdotal es uno de los sacramentos con más elementos significativos que nos adentran al misterio de la misma liturgia. Es un momento en el cual, la Iglesia diocesana se manifiesta en la oración incesante hacia Dios, para que mande más obreros al campo de la mies (Cfr. Mt 9, 38); por ello, el primer signo eclesial que encontramos dentro de la celebración, es reunirnos como asamblea de Dios.

Reunirnos como asamblea nos hace vivir la comunión eclesial; pues laicos, consagrados, presbíteros y obispos, nos congregamos como un solo pueblo, para hacer patente cómo Dios ha elegido a un hombre de entre los hombres (Cfr. Hb, 5, 1) para el servicio de los hermanos, presidiendo en la caridad; siendo testigo de la misericordia, y alimentando a los hermanos con los sacramentos.

Otro signo esencial de la ordenación sacerdotal es la imposición de manos y la oración consecratoria. Con estos gestos, el sacramento nos evoca «la transmisión de un oficio (misión, ministerio, tarea) y comunicación del Espíritu (fuerza, gracia, poder) necesario para desempeñarlo debidamente». En la tradición judía ya se consideraba la imposición de las manos como una forma de instalación de un cargo u oficio. En el Nuevo Testamento, este signo se entiende precisamente como el envío a la misión. A la vez la imposición de las manos demuestra el simbolismo de contacto ante el cual, se expresa la transmisión del Espíritu Santo. Además la imposición de las manos aunada a la oración, es el significado inmediato de que esa elección proviene de Dios, así lo consideraba San Juan Crisóstomo al decir que, «se extiende la mano del hombre pero es Dios quien lo realiza todo, y es Dios quien toca la cabeza de aquel que es ordenado.»

Otro signo dentro del sacramento es la unción de las manos, la cual los Santos Padres identificaban con la unción de los reyes y sacerdotes del Antiguo Testamento, pero reconocen además la superioridad del nuevo sacerdocio de Cristo que interpretaban que ya no era el aceite material, sino el Espíritu Santo, quienes los ungía, así como Cristo era el ungido del Padre.

Existen además otros signos complementarios dentro del sacramento, los cuales hacen referencia a las tareas concretas a las cuales el sacerdote se consagrará. Uno de ellos es la entrega del pan y del vino a los nuevos ordenados, simbolizando la presidencia del sacerdote en la asamblea de fieles; y el despojo de los ornamentos diaconales, y el revestimiento de las vestiduras sacerdotales, que se convierten en una manifestación pública de su función cultual sacerdotal.

El sacramento del orden sacerdotal concluye con el saludo de la paz, que es dado por el obispo a sus nuevos colaboradores del ministerio sacerdotal. Este signo es un mensaje de acogida a un colegio, a una fraternidad sacerdotal en la cual obispo y presbítero trabajarán unidos por el pueblo encomendado por Dios.

El último de los signos de la ordenación sacerdotal es la presencia del sacerdote en el mundo, ya que la misma definición de sacramento es un signo sensible de la gracia de Dios; porque el sacerdote se convierte, en el signo sensible para la comunidad eclesial y para el mundo; da testimonio de su ser consagrado y de ser el Pastor que no solo cuida del rebaño que le ha sido encomendado; sino que también va por aquellos que son de otro rebaño para construir la unidad en el mundo como es propio de su misión.

Edgar A. Del Río Reyna
Tercero de Teología