09 Jul 2018

HELLO! 1

Por cuatro semanas, 6 seminaristas fuimos elegidos por el equipo formador del Seminario de Monterrey para participar durante el mes de Julio, en un curso impartido por el Instituto Superior de Música Sacra de Morelia (ISMUSAM).

Las materias que llevamos no sólo tratan de la historia de la música o los documentos que hablan de este tema; también vamos adquiriendo técnica o tips para los que tocamos algún instrumento o para los que cantan.

Durante el día, tenemos una hora de práctica con el maestro, de manera personal y tenemos oportunidad de intercambiar conocimientos entre el mismo alumnado, porque hay alumnos de diferentes estados de la República.

Durante el curso de música sacra, la institución nos hace diferentes invitaciones a conciertos de coro de cámara, de orquesta, de guitarras, etc. También tenemos momentos de conveniencia entre alumnos y maestros para fomentar el buen ambiente y la amistad.

Por último quiero mencionar que todos los maestros están muy bien preparados y que cada uno demuestra esa pasión por la música, pasión misma que nos transmiten.

Seminarista Julio Ulises Martínez Fresnillo
1º. De Filosofía

27 Dic 2016

HELLO! 1

Por: Departamento de Comunicación

El año 2016 para nuestro Seminario de Monterrey fue un año lleno de muchas bendiciones.

Nos encomendábamos a Dios en el inicio del segundo semestre del ciclo escolar 2015-2016. Dábamos inicio en el mes de enero con la Semana de Ejercicios Espirituales en donde llevados por la reflexión y el Espíritu Santo, proyectamos personal y comunitariamente nuestro año. La imposición de sotanas a nuestros hermanos del Seminario Menor y la admisión como candidatos de hermanos teólogos fue un acontecimiento vocacional nos animó a cada uno con nuestro proceso formativo.

Con mucha ansia esperábamos el inicio del mes de febrero. Al inicio de este mes se llevaba cabo el Encuentro Vocacional Sacerdotal que reunía a varones con la inquietud de la vida sacerdotal. Después, como cada año, en este mes, se acercaban las actividades propias de la Colecta Anual: la semana de oración por las vocaciones sacerdotales, visita a los colegios católicos y nuestra presencia en las diferentes parroquias de nuestra Arquidiócesis, sin lugar a dudas, fue una experiencia en donde observamos el amor que nos tiene el Pueblo de Dios y nos deja el firme compromiso de seguirnos formando a semejanza de Cristo Buen Pastor.

No podemos dejar para el mes de febrero sin mencionar la visita del Papa Francisco a nuestro país. Entre las diferentes actividades que su Santidad tuvo en territorio mexicano, participamos del Encuentro con sacerdotes, religiosos y seminaristas en la ciudad de Morelia, Michoacán. Aunque cansados, las palabras del Papa Francisco calaron hondo en el corazón de cada uno de nosotros cuando nos exhortaba: “No queremos ser funcionarios de los divino, ni somos ni queremos ser nunca empleados de la empresa de Dios, porque somos invitados a participar de su vida”. ¡Los seminaristas salimos al encuentro del Vicario de Cristo, de Pedro mismo! Una experiencia que estamos seguros nadie olvidará.

Este acontecimiento trajo a nosotros un corazón sumamente agradecido que compartimos en las comunidades en las Misiones de Semana Santa, ahí nos encontramos con el pueblo de Dios, le escuchamos, consolamos y servimos, nos alegramos con la Iglesia por la salvación que nos trajo el Señor con su muerte y resurrección. Después de esta intensa semana, nos fuimos a compartir unos días junto a nuestras familias.

Se acercaba la fiesta de San José, obrero, el tradicional novenario, las competencias deportivas y la convivencia fueron una oportunidad para reflexionar sobre el trabajo. En este mes de mayo, una representación de seminaristas acompañamos a Mons. Jorge Alberto Cavazos Arispe, quien tomaba posesión como obispo de la Diócesis de San Juan de los Lagos, Jalisco, en su primer mensaje, recordó a nuestra arquidiócesis y con cariño particular agradeció al Seminario de Monterrey.

Una vez terminado el ciclo escolar 2015-2016, era momento de preparar las actividades del verano. Antes en un ejercicio de sinodalidad, junto a nuestras familias fuimos convocados a la II Asamblea del Seminario, durante estos días hablamos sobre el papel fundamental que juegan nuestras familias en la nuestra formación sacerdotal, nuestras familias externaron sus inquietudes y en oración encomendamos los nuevos proyectos formativos bajo el binomio Seminario-Familia.

Ya en el verano, alumnos y formadores participamos del Curso Básico de Pastoral Vocacional que nos dio las herramientas necesarias para los trabajos de las misiones de verano que en esta ocasión tendrían la característica de “Misiones Vocacionales”. A lo largo de tres semanas, estuvimos presentes en 10 zonas pastorales de nuestra diócesis visitando parroquias, llevando el mensaje vocacional e invitando a los jóvenes a descubrir su vocación y a comenzar un proceso de discernimiento vocacional para saber el sueño que Dios ha tenido para cada uno. Al mismo tiempo que se llevaban a cabo las actividades del verano, se realizaba el Pre-Seminario, una actividad para los alumnos que iniciarían su proceso formativo en el Seminario Menor el próximo mes de agosto.

Esto es un poco de lo que sucedió hacia la mitad del año 2016. Terminábamos un ciclo escolar y comenzábamos uno de la mano de Dios, bajo la protección de nuestra Madre Santísima. ¿Quieres saber lo que vivimos en esta segunda parte del año? No te pierdas la siguiente nota en donde te lo contaremos.

22 Nov 2016

HELLO! 1

Por: José Luis Morán Becerra, seminarista (T1)

“Maestro de la fe, (…) de los senderos que conducen a la unión con Dios, teólogo y místico, poeta y artista”. Esta es la noble descripción que San Juan Pablo II hizo en su visita a España, en 1982, al santo sacerdote carmelita. El día de hoy, como Iglesia celebramos su memoria, recordando su ejemplo de vida y santidad, y su sabia respuesta ante las distintas tribulaciones que enfrento en carne propia.

Juan de Yepes nació en 1942 en Fontiveros (Avila), España. Ingresó al Orden del Carmen en 1563; ordenado sacerdote en 1567, le pidió a Dios la gracia de soportar con valor y paciencia toda clase de sufrimientos. Tiempo más tarde tuvo un encuentro con Santa Teresa de Jesús, quien lo convenció de que observará la Orden de Carmelitos Descalzos. Formador y maestro de gran inteligencia y sabiduría, enseñaba la doctrina de la fe. Trabajando arduamente y con gran celo apostólico, teniendo siempre su fuerza y confianza en Dios, logró enfrentar una gran “sequedad espiritual”, que le impedía tener una devoción sensible al rezar o meditar, y a toda clase de calumnias e injurias que hacían en contra él.

A pesar de haber sido encarcelado injustamente, padeció con paciencia cada ultraje, creciendo de este modo en santidad. Este tiempo de sufrimiento le permitió a San Juan crear una de las grandes obras titulada “La noche oscura del alma”, que le permite reconocerlo como Doctor de la Iglesia. Muere en 1591.

El santo sacerdote carmelita es un hombre ejemplar, que con sus escritos y enseñanzas enriquecen la vida del creyente, el cual busca constantemente el rostro de Dios. Para nosotros que estamos de formación nos ayuda a apreciar el celo por contemplar el misterio de amor de Dios, sobre todo, en la adoración eucarística cada jueves durante la Hora Santa, como también en esos momentos de “crisis vocacional”, en donde nos vemos sedientos de saber la voluntad de Dios en nuestras vidas.

Te invito a que hagamos esta oración, pensado en aquellos sacerdotes que están pasando por alguna tribulación en su ministerio, para que San Juan de la Cruz sea su intercesor, y ellos puedan recibir de Dios la gracia y fortaleza que necesitan para continuar en su servicio humilde con amor y alegría a la Iglesia.

«Señor, Dios nuestro, que hiciste a tu presbítero San Juan de la Cruz modelo perfecto de negación de sí mismo y de amor a la cruz; ayúdanos a imitar su vida en la tierra para llegar a gozar de tu gloria en el cielo. Amén».

 

22 Nov 2016

HELLO! 1

Por: Edgar del Río, seminarista (T2)

La Iglesia, en su sabiduría, va mostrando en su caminar los diversos tiempos importantes para meditar cierta realidad de los misterios de Dios. Así mismo, nos invita como Madre y Maestra a meditar sobre realidades que necesitan abarcar más nuestra oración y nuestra reflexión, para tratar de profundizar en el misterio del cual nos refiere alguna característica de Dios.

Este año la Santa Madre Iglesia, a través del Papa Francisco, nos invitaba a dejarnos inundar en el amplio tema de la misericordia, ya que existen momentos en los que de un modo mucho más intenso estamos llamados a tener la mirada fija en la misericordia, para poder ser también, nosotros mismos, signo eficaz del obrar del Padre (cf. MV 3).

Sin duda alguna en este tiempo, con la aplicación de esta Bula, se presentó la oportunidad de que el mensaje dirigido a la Iglesia Universal tuviera su aterrizaje a nivel Arquidiocesano.

La apertura de puertas santas de las basílicas y algunas parroquias, encabezaba el elemento pastoral que refería a la Gracia de Dios manifestada en esa Iglesia de puertas abiertas que el mismo Papa ha marcado constantemente.

También se realizaron diversas jornadas de reconciliación sacramental en cada uno de los decanatos de nuestra Arquidiócesis. Así mismo surgieron diversos esfuerzos eclesiales por hacer más palpable la misericordia de Dios, con acciones muy concretas acercándose a aquellos hermanos nuestros que son más vulnerables, y necesitaban experimentar la ternura de Dios.

El camino de la Misericordia se inicia con este año jubilar, porque nos ayuda, como Iglesia, a descubrir la gratuidad de Dios para con cada persona, ya que es un Dios que viene a salvar y no a condenar.

El compromiso que como Iglesia nos lleva este año de la misericordia, debe ser en todas las líneas de acción pastoral, como claramente se ve reflejado en el Plan de Pastoral Orgánico de nuestra Arquidiócesis, ya que se utiliza dentro de la metodología el “mirar misericordioso”, es así como podemos lograr ver la realidad con la mirada misericordiosa del Padre.

Que la gracia abundante derramada sobre este año nos impulse a seguir caminando y creciendo en la ayuda mutua y desinteresada de hacer cada vez más real esa experiencia del Dios de Amor y Misericordia que nos refleja Jesús para ser así misericordiosos como el Padre.

10 Nov 2016

HELLO! 1

Por: Gerardo Álvarez de León, seminarista (F3)

¡Hola a todos! Deseo que la Paz de Dios siempre los acompañe en donde quiera que se encuentren. Quiero compartir con alegría cómo ha sido mi caminar en el seminario junto con mi familia, y cómo ella me ha fortalecido en mi vocación, y me ha animado a seguir formándome para, si Dios quiere, algún día llegue a ser sacerdote.

Cuando yo ingreso al seminario menor, apenas era un adolescente, y desde luego que mi familia estaba asimilando mi respuesta, pues era la primera vez que salía de mi casa. Y aunque con dificultad, pero con el ánimo y con mucha fe, lograron aceptar el llamado que Jesús me hizo, y así, no sólo yo le respondí, sino que mi familia también le ha respondido, siguiendo junto conmigo el caminar del Maestro.

Conforme iba avanzando en mi formación, mi familia se iba acercando a participar en la Iglesia, cada vez con más alegría, entusiasmo y entrega. Aumentaron en ellos esas ganas de servir al Señor, por lo que ahora les puedo contar que mi papá es Ministro Extraordinario de la Comunión, y la verdad, eso para mí me da mucha motivación, pues cuando tenemos oportunidad de platicar, me dice con palabras llenas de alegría y mucha fe, cómo ayuda a distribuir la comunión a nuestros hermanos limitados por alguna enfermedad. Mi mamá también se ha acercado a servir, ha vivido retiros que la han fortalecido, y en su sencillez sabe manifestar la fe y la esperanza que tiene, y aunque al principio le costó mucho trabajo el que haya dejado mi hogar, ahora me dice que todo su trabajo doméstico lo ofrece por la santificación de todos los sacerdotes del mundo.

Mi familia siempre será mi motivación, me apoyan y me fortalecen con su oración, con sus sacrificios en el trabajo, en las labores del hogar, etc. Y así, para ellos, soy quien les da ese impulso para seguir creyendo con alegría, con entrega y generosidad, siempre siendo fieles al Señor que no deja de bendecirnos.

A partir de mi respuesta al Señor, de decirle “sí”, he visto que ha tenido un gran efecto: ¡Ellos han creído! Lo que me hace recordar el lema de las fiestas de nuestro santo patrono: “Creyó él y toda su familia”. Esto se hace presente con nuestra respuesta, para algunos tardará más, para otros menos, pero cuando nosotros creemos con verdad en el llamado de Jesús, nuestra familia no se queda atrás, y yo doy testimonio de mi familia, ellos no son ajenos en mi formación, sino que a pesar de la distancia de nuestros hogares, a pesar de lo que podemos vivir, ellos nunca estarán distanciados, ellos son los que nos animan a creer en este llamado, y sin ellos, no podríamos estar mejor formados.

Que Dios los siga bendiciendo, y no se olviden de pedir al Señor, para que nos den más familias cristianas, más familias santas. ¡Que así sea!

04 Nov 2016

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Por: Orlando García Duarte, seminarista (Segundo de Teología)

El Señor, nuestro Dios, me ha permitido crecer en el seno de una familia católica. La integran mi padre, el señor Eduardo García y mi madre, la señora Norma Angélica Duarte, que aún gozan de vida y salud gracias a Dios; además, mi hermano mayor, Karim, casado y padre de familia, y mis dos hermanas menores Estefanía y Carolina.

A mis 16 años nunca le había platicado a mi familia sobre alguna inquietud vocacional-sacerdotal, ni siquiera me había pasado por la mente. Mi proceso de discernimiento lo llevé, la mayor parte, con mi párroco, el Pbro. Alejandro Leal, pero también asistí a los últimos retiros del Proceso Vocacional.

Cuando llegó el momento de decirles a mis papás que había tomado la decisión de entrar al seminario (a los 18 años), la primera vez que lo hice, estábamos cenando y viendo la tele, por lo que el tema se diluyó rápidamente.

Para la segunda vez, al enterar a mis padres que ya faltaba un mes para entrar al seminario, tocamos el tema en su dormitorio.

No olvido lo que me dijo mi papá: “¿Estás seguro de querer ser sacerdote? Porque si vas a entrar, le tienes que echar muchas ganas. Prefiero un buen cristiano a un mal sacerdote”. Yo le respondí: “Sí, pa, te prometo que le echaré ganas hasta llegar a ser Papa” (obviamente no sabía lo que decía). Esta expresión mantuvo a mis papás con el pendiente, ya que pensaban que mi vocación era una “llamarada de petate”.

Mi papá y mis hermanos lo asimilaron más rápido que mi mamá. Casi todos los domingos del primer semestre de mi etapa en el Seminario Menor, cuando me dejaban en el seminario, a ella se le salían las lágrimas al despedirse. Creo que algo que nos ha ayudado mucho para asimilar este proceso y para no olvidar que en Dios la familia estamos juntos, es despedirnos con una bendición. Tal práctica no la realizábamos antes, pero desde que ingresé al Seminario lo seguimos haciendo hasta la fecha.

Con el tiempo fui dándome cuenta cuán importante es la familia en la formación sacerdotal: cuando en mi familia había algún conflicto o problema de cualquier tipo, “se me bajaban las pilas” y, por lo contrario, cuando mi familia estaba feliz, yo también lo estaba y era una experiencia que me mantenía con energía toda la semana.

Dios me ha ayudado a entender que no existe una familia “perfecta” en la tierra, que siempre podrá existir una situación que nos mueva el interior, y que, sobretodo, Él está conmigo y con mi familia. No estamos solos en lo que vivimos. Cada situación y experiencia con mi familia, buena o no tan buena, me han ayudado a crecer de uno u otro modo.

El Señor no se equivocó al regalarme la familia que hoy tengo. Por medio de ella, principalmente, me ha dado las herramientas que necesito, la fe y el amor, para responder con alegría en este llamado que Él me ha hecho. No podría separarla de mi formación; siempre ha sido un gran regalo, una gran bendición.

07 Sep 2016

HELLO! 1

Por: Juan Yosimar Moreno Saucedo, seminarista (T3)

Esta semana seguimos meditando los acontecimientos, de los cuales hemos sido partícipes, como Seminario y como familia de la Iglesia Arquidiocesana de Monterrey. El pasado 3 de septiembre del 2016, vivimos con gran alegría la consagración diaconal de 9 de nuestros hermanos de cuarto de teología. Dentro de la meditación de estas ordenaciones, brotan algunas preguntas al respecto. Primero, ¿qué es un diácono?, y segundo, ¿cuál es su papel en la Iglesia? Las respuestas a estas interrogantes nos ayudarán a comprender lo vivido.

Pues bien, respondiendo a la primera cuestión, encontramos que un diácono «es aquel hombre que ha recibido el primer grado del sacramento del Orden Sagrado». Como parte del rito de la consagración, se le imponen las manos, como signo de la asistencia que harán a su Obispo y sacerdotes en la predicación de la Palabra de Dios, en la distribución de la comunión y en las obras de la caridad, siendo así el servicio lo más específico de su ministerio. Aunque si bien, además de las diversas y nuevas encomiendas que recibe (como ver por los pobres, bautizar, bendecir, entre otras), el diácono debe ser un reflejo vivo de Jesucristo, quien no vino a ser servido, sino a servir.

Y como respuesta a la segunda pregunta, el Señor Arzobispo nos manifestó a toda la comunidad congregada en torno a la celebración, dirigiéndose especialmente a los nuevos diáconos, sobre el papel que asumiría en su ministerio: “les encomendamos a los pobres de Monterrey, pongan su corazón en servirles; en ser testigos del amor de Cristo. El diaconado es servicio, es entrega. Tenemos un gran número de indigentes que necesitan todo nuestro cariño y nuestra caridad”.  La encomienda es muy clara: un continuo desvivirse por amor, amor al pueblo de Dios, con especial servicio y atención a los pobres de nuestra Iglesia Regiomontana.

En lo personal, un momento emotivo y lleno de luz, fue cuando se les confió su destino de ejercicio ministerial, que aunque ellos tenían algunos fines de semana asistiendo a tales comunidades, el expresarlo públicamente fue algo conmovedor, pues acompañaba una expresión de confianza  y compromiso: “les encomendamos a los pobres y desprotegidos de la comunidad…”.

Ser servidor de los demás y, más aún, de alguien a quien no te lo puede retribuir, es un mandato evangélico y una invitación a dar más de nosotros. Estamos seguros que estos hermanos nuestros, tendrán que dar más de sí en este ministerio que les ha sido encomendado, mismo que algún día queremos y esperamos con fe, ser partícipes el resto de seminaristas que seguimos en la formación.

02 Sep 2016

HELLO! 1

Ingresé al seminario en el 2007, ya para cumplir los 47 años, estudié la carrera de Contador Público teniendo ya muchos años trabajando con jefaturas de recurso humanos.

Sentí algo muy fuerte cuando recibí el llamado del Señor y hablé con diferentes sacerdotes por lo que me sugirieron ir al centro vocacional, hice ahí un año de proceso.  Al terminar realicé mi carta para ingresar al seminario y al poco tiempo me llamaron donde me decían precisamente que era el Señor quién me llamaba por lo cual ingresaría al seminario el 4 de agosto de ese mismo año.

Hablé con mi familia y todos se pusieron muy contentos sin embargo al despedirme de ellos si hubo algo de tristeza pues somos una familia muy unida.

Poco a poco fui conociendo a Cristo; Él me había conquistado para siempre.  Siempre sentí un gran deseo de abandonarme en Cristo y así lo fui haciendo poco a poco hasta el día de hoy y no me arrepiento de haber dejado todo pues sé que en todo mi existir está derramándose su amor cada día; no solo en mi corazón sino en todo mi ser y mi existir.

Me he encontrado con Cristo en todos los lugares a donde voy.  No ha sido fácil pero Lo he sabido encontrar en toda la gente no solo que está necesitada, sino también en personas que están llenas de amor y que te hacen sentir que Cristo está vivo y que unidos se pueden realizar muchas cosas.

Para mí ser sacerdote es ser Cristo.   Por eso día con día le pido que me deje vivir con Él, y al día siguiente le vuelvo a insistir lo mismo y así seguiré pidiéndole para poder seguir con el llamado al que me he sentido llamado.

Nunca he dudado de que Él me ha llamado ya que lo he sabido identificar aunque no es fácil seguirlo porque para seguirlo se necesita como decía al principio abandonarse completamente en Él que es toda perfección y uno es un hombre sencillo como los demás.

Los retos son muchos pues he luchado en la indiferencia de muchos, pero no he dejado de insistir en estar donde considero que me lleva, han existido peligros pero también Cristo me ha dado fortaleza para afrontarlos y salir adelante.  Considero que para seguirlo se necesita abrir el corazón, orar mucho, insistirle en que camine junto con uno en todo momento y que así como me abandono en Él, Él siempre se deje encontrar.

01 Sep 2016

HELLO! 1

Entre al seminario a los 23 años de edad. Era estudiante de la facultad de Ingeniería Civil en la UANL y miembro de grupos parroquiales principalmente coros.

Descubrí mi vocación, cuando en mi interior había como un fuego ardiente que no podía apagar (Jer 20,9) fue cuando le pregunté a Dios respecto a mi vocación. Y todo fue providencial. El llamado de Dios en mi vida lo descubro en el proceso vocacional. Y en medio de mis ocupaciones diarias traté de dejarme llevar por su voz, entiéndase que la voz de Dios la descubrimos en los acontecimientos y signos que muestra a través de las personas de Dios y claro; en su Palabra y en la Eucaristía.

Paz interior y alegría. Creo este binomio de sentimientos me ha acompañado desde que acepté el llamado y en toda la formación, siempre busqué estar abierto a la voluntad del Señor y solamente a través de los frutos es como he podido conocerla.

Al darles la noticia a mis padres, creo que las palabras internas fueron: “Ya nos esperábamos esto, como te la pasas todo el día en la Iglesia”; pero lo que me dijeron en realidad fue, por parte de mi papá: “pues tú ya sabes, ya eres mayor de edad”. Por parte de mi mamá: “Yo sentía que algo tenía Dios para ti”.

Llegar a ser sacerdote significa para mí una manifestación de su gracia en mi persona en donde lo indigno, por su presencia Él lo hace digno. Significa que Dios puede dar para su Pueblo la expresión más grande de Amor, de Misericordia, de perdón, de paz a través de mí.

“Hubo algún momento en tu caminar que dudaste de tu vocación. ¿Cómo enfrentaste esto?”
Si. Primero, reconociéndome necesitado. Segundo, pidiendo ayuda y tercero, dejándome acompañar. La clave está en estas tres cosas: Humildad, limosna y docilidad.

La indiferencia, la dispersión, el egoísmo sobre todo la rutina. Estos son los retos que he descubierto en la comunidad al transmitir a Dios, sobre todo la rutina.

31 Ago 2016

HELLO! 1

Entré al seminario a los 24 años, terminé la carrera de Lic. en Derecho y Ciencias Sociales. Y me encontraba como misionero en la comunidad del ITE, un instituto que pertenecía a la diócesis.

“¿Cuándo descubriste tu vocación? ¿Cómo fue?”
Recuerdo que me encontraba en unas misiones de Semana Santa en el 2004, cuando sentí por primera vez que Dios me llamaba a algo, pero no sabía que quería de mi vida.

Descubrí el rostro de Dios en el rostro de unos niños y también vi la necesidad de darlo a conocer a las personas que tenían hambre del Él, pero no había quien se los transmitiera. Creo que mi primer llamado lo sentí a la vida misionera y ya en la misión logré comprender que Él me quería por completo a su servicio en la vida Sacerdotal.

Los sentimientos que tuve al aceptar el llamado, pues de primer momento creo que miedo, pero a la vez alegría y entusiasmo de sentirme llamado por Dios. También confieso que cuando entré al Seminario no lo hice por querer ser Sacerdote, más bien buscaba ser feliz y para mí la felicidad es hacer la voluntad de Dios y pues la voluntad de Dios me hizo llegar al Seminario

“¿Cómo recibieron tus padres o tu familia, la decisión de Servir a Dios? ¿Recuerdas sus palabras?”
Bueno pues mi mamá ya había fallecido cuando yo decidí entrar al Seminario, pero en una ocasión mi hermana me confesó que mi mamá le había comentado que yo terminaría en el Seminario. Cuando le dije a toda mi familia yo me encontraba de misiones en General Treviño y fueron a visitarme el día de mi cumpleaños y después de pasar el día completo con un servidor, ya al final cuando se iban me subí a la camioneta y en ese momento les dije; todos se quedaron helados de la noticia y se quedaron callados por un momento, mi papá fue el primero que tomó la palabra y me dijo: “yo siempre he querido para cada uno de ustedes que sean felices y los he apoyado en sus decisiones, y si tú crees que esa es tu felicidad yo te apoyo”.

Llegar a ser sacerdote, es hacer la voluntad de Dios, responder a su llamado para servir a Él y a su pueblo, y hacer mi corazón semejante al de Él.

Durante mi caminar, han habido dos ocasiones en las ha sido complicado continuar.
En el Curso Introductorio, a raíz de una lesión en el tobillo que me hizo estar en reposo por un buen periodo de tiempo, me llevo a entrar en crisis y estuve a punto de salir, pero gracias al apoyo del padre espiritual y el padre formador decidí permanecer un tiempo más, pero lo más importante fue que descubrí una espiritualidad personal, que hasta la fecha la sigo realizando y es lo que me ayuda a permanecer en el Sí constante a Dios.

La otra fue en tercero de filosofía, no dudaba del llamado de Dios, sino dudaba de mi repuesta, que tan firme y fiel era en mi llamado, la indignidad que sentía, el no sentirme realmente preparado. Pero una vez más me vi acompañado por mis formadores y la guía de mi director espiritual y por supuesto la comunidad (mis hermanos).

Los retos que he vivido han sido conmigo mismo, vencer mis temores, comprender y conocer a la comunidad en la que me toca servir y saber acompañar, aprender a tener capacidad de frustración y romper paradigmas en la evangelización.